Policía libera a zacariístas para balear a manifestantes

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La Policía liberó ayer a los patoteros del clan Zacarías para disparar balas de vidrio, más conocidas como “balitas”, a los manifestantes que escrachaban a la intendente de Ciudad del Este Sandra McLeod (ANR-cartista) y a su esposo, el senador Javier Zacarías. Los propios agentes admitieron que no pueden intervenir ante los excesos de los hurreros por temor a ser trasladados y algunos casi fueron acertados por los proyectiles.

El incidente fue a unos 50 metros de la residencia de la intendente McLeod, donde llegaron los manifestantes para protestar por noveno día consecutivo contra “la corrupción de la familia Zacarías”.
Los agentes policiales montaron ayer una barrera humana y se centraron solamente a controlar a los ciudadanos indignados contra la corrupción, mientras que los patoteros del clan Zacarías estaban sin vigilancia frente al domicilio de la intendente. Debido a la complacencia policial, los hurreros se aproximaron a los manifestantes y quedaron a una distancia de unos 20 metros.
Los manifestantes realizaron una sentata y cantaron el himno nacional para después alejarse pacíficamente del lugar. Sin embargo, durante la retirada fueron atacados por la espalda por los hurreros de Zacarías con proyectiles de vidrio lanzados con honditas. Durante el incidente, hasta los policías casi fueron acertados por las balitas, pero aún así permanecieron complacientes con los patoteros de la intendente McLeod.
Los manifestantes recogieron varios proyectiles de vidrio y exhibieron las balas a los policías. Además, pidieron a los uniformados intervenir y catear a los patoteros; sin embargo, los agentes solo decían: “tranquilo”.
Afortunadamente, nadie salió lesionado por el vandalismo apoyado por los Zacarías. El sábado pasado, la abogada Yolanda Paredes, esposa del senador Paraguayo Cubas (Cruzada Nacional), sufrió un disparo en la sien presumiblemente con una bala de goma.
Durante la movilización algunos policías comentaban que tenían “orden” de no controlar a los patoteros zacariístas, ya que caso contrario corren riesgo de ser trasladados de la zona. Por otra parte, algunos efectivos confesaron su fastidio con las protestas diarias, por lo que permitían a los hurreros a protagonizar actos violentos como estrategia para desalentar a los esteños a manifestarse.

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