“Si se puede nomás, señor…”

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Perla Judith Benítez

“Si se puede nomás, señor, queremos el séptimo grado”, fue el pedido de un jovencito de una escuela alejada de Horqueta al nuevo ministro de Educación, Eduardo Petta. Tras apenas 5 días de haber asumido en esta cartera, el señor Petta se puso “la camiseta de Horqueta” y fue a marcar presencia en la mencionada institución.
Teniendo en cuenta que estos niños deben caminar unos 3 kilómetros para estudiar y la notable precariedad como en cientos de escuelas del país, el ministro hizo una donación, y por supuesto, prometió la construcción del séptimo grado.
En nuestro maravilloso país, la gente mendiga lo que por derecho le corresponde, los niños piden limosnas mientras los fondos destinados para el bienestar de ellos son malversados descaradamente. Aquí es donde vemos niños desnutridos, con dificultades de aprendizaje y concentración en las escuelas porque la merienda escolar, que por derecho les corresponde, son repartidas en casas de hurreras, patoteros y también son robados de manera inmisericorde con sobrefacturaciones y pésimos servicios para la elaboración de los “alimentos”, (si se les puede dar ese nombre).
Los recursos del Fonacide son millonarias sumas despilfarradas por autoridades que no tienen la mínima compasión por los niños y maestros que día a día se sacrifican para estudiar. Porque hay administraciones municipales que “si se puede nomás” benefician a instituciones realmente necesitadas.
En esta zona del país no estamos muy alejados de la realidad del mita’ i horqueteño, aunque acá hay séptimos grados, muchos son mangoguy, otras escuelas aun tienen letrinas. Mientras tanto, las instituciones gubernamentales destinan millonarias sumas a ridículas publicidades en las que se vanaglorían utilizando la imagen de las personas menos favorecidas, para hacerse ver como grandes samaritanos.
Estamos en el país donde se mendiga por derechos y se agradece y aplaude por cumplir obligaciones. País generoso donde se le rinde loas a un presidente por maquillar el país con “superviaductos” y enormes hospitales vacíos; donde se defiende a capa y espada (o sea huevos y cascotes en CDE) a grandes corruptos, y en donde el pueblo debe levantar firmas para la pérdida de investidura de un senador delincuente, pues sus colegas se hacen los desentendidos. ¿Si se puede nomás? Mientras sigamos en esta postura, nos seguirán estafando y nuestros niños seguirán sufriendo las consecuencias.

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