Los peligros del contrabando

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Hace más de una semana que Ciudad del Este soporta una serie de medidas iniciadas por pequeños contrabandistas en protesta contra la determinación del gobierno nacional de combatir el ilícito en todas sus formas. Las personas que se dedican a esta tarea ilegal piden flexibilizar los controles al menos hasta fin de año, pero hasta el momento el Poder Ejecutivo se mantiene en su decisión de ejercer un estricto control.
La protesta de los contrabandistas es una muestra de cómo la ilegalidad se ha instalado y ha ido creciendo a lo largo de los años como si se tratara de una situación absolutamente normal. En estos momentos, las personas que presentan como un trabajo digno el hecho de hacer pasar mercaderías, en este caso desde el Brasil hacia nuestro país, no solo exigen que se los deje continuar con lo que están haciendo, sino también piden reuniones con autoridades y hasta se dan el gusto de patotear a las fuerzas del orden que hacen su trabajo velando por el cumplimiento de las normas.
Traer mercaderías de contrabando desde el Brasil es históricamente la actividad más rentable para una buena cantidad de gente que incluye particulares y funcionarios públicos. En los barrios de Ciudad del Este, como 23 de Octubre por ejemplo, existe todo un esquema de acopio y reacomodo. A diario miles de kilos de productos de diversos tipos son traídos en pequeñas furgonetas que realizan incontables idas y vueltas. Las enormes cargas se rearman en los depósitos en grandes camiones y comienza la distribución a lo largo y ancho de la república, generando un grave daño a la economía. No son pequeños paseros, son empresarios que manejan verdaderas flotas de camiones y grandes depósitos.
Todo el esquema funcionó siempre gracias a la complicidad de todos los funcionarios de turno, apostados en la Dirección General de Aduanas, Puertos y hasta la Marina Paraguaya. Todos ellos formaron parte de una rosca mafiosa imposible de romper. Lo sorprendente es que Brasil constantemente realiza controles en su aduana, pero del otro lado no se ven movilizaciones ni bloqueos.
En estos momentos el presidente de la República Mario Abdo Benítez emitió una orden de tolerancia cero al contrabando y aumentar las recaudaciones, una medida plausible, pero no suficiente. Lo que se necesita aquí es una política de transparencia y de combate real no solo a la ilegalidad sino a las personas que la promueven y encubren.
El gobierno debería impulsar una investigación de todas las personas que pasaron por los cargos más importantes de Aduanas en Ciudad del Este, y en especial a los exadministradores quienes deben hacerse responsables de haber apañado durante todos estos años la comisión de un delito.
La semana pasada en Brasilia, representantes de 15 países advirtieron que el contrabando está ligado al crimen organizado y que inclusive puede poner en peligro la estabilidad sociopolítica y económica de los países de la región. Paraguay debe tomar en serio esta advertencia y comenzar a obrar en consecuencia.

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