Acabar con la basura política

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La ciudadanía paranaense comenzó a reclamar con fuerza la expulsión del liberal Carlos Portillo de la Cámara de Diputados; una solicitud hecha también oficialmente al legislativo por parte de un grupo autodenominado Comisión de Escraches. El legislador está imputado por los hechos punibles de tráfico de influencias, soborno, asociación criminal -todos en calidad de autor- y cohecho pasivo, como cómplice.
Portillo hace cinco años apareció en la escena política como promesa de renovación política al interior del PLRA, y tuvo muy buena aceptación a tal punto que fue elegido diputado por primera vez para el periodo 2013-2018, y logró su reelección para el 2018-2023. Venía de trabajar en las bases partidarias y era considerado muy cercano a la gente, una persona que visitaba a sus conciudadanos, los escuchaba y trataba de encaminar sus quejas.
Sin embargo, en poco tiempo la “promesa política” comenzó a mostrar su hilacha. Alguien que llega a un cargo para hacer lo mismo que todos: traficar influencias, presionar, influir sobre el Poder Judicial para sacar ventajas. El legislador resultó ser de la misma calaña que el impresentable Óscar González Daher que acaba de presentar su renuncia al Congreso tras ser escrachado por dos semanas, y tras haber permanecido durante 30 años en el poder haciendo lo mismo: presionar, traficar influencias y hacerse multimillonario con su accionar oscuro y sucio.
La ciudadanía altoparanaense lleva casi los mismos años de vida democrática que tiene el país, exportando hombres-basura al Congreso. Allí ocuparon bancas personajes funestos como Elio Cabral, un exfuncionario aduanero de baja ralea pero que supo amasar fortuna. Fue denunciado por enriquecimiento ilícito; Nelson Aguinagalde, el exgobernador que tiene nada menos que 10 procesos en su contra y tiene el dudoso honor de ser el impulsor de la construcción de una escuela que en pocos meses se desplomó sobre los alumnos, así como un hospital que está con los mismos riesgos de derrumbe.
En el Congreso también está la liberal Zulma Gómez, que lleva cuatro periodos consecutivos y lo único que aportó en todos estos años es haber utilizado a las instituciones para ubicar a sus familiares, amigos y operadores políticos; a más de viajar por el mundo a costa del dinero público. Y finalmente los hermanos Javier y Justo Zacarías Irún, dos desgracias del Alto Paraná.
Como se verá, el décimo departamento nunca tuvo buenos representantes, y cuando pensó que optaba por una figura joven y diferente, este terminó en la misma cloaca que los demás, como ocurre con el joven Carlos Portillo.
En estos momentos el país vive una primavera anticipada, donde la presión de la ciudadanía obliga a algunos políticos a irse a su casa. Ojalá esta situación continúe y sirva para limpiar esa podredumbre, arrasar con la basura que se instala en los cargos después de cada elección. Lo que ocurre con los legisladores cuestionados también tiene que servir de ejemplo a algunas otras figuras nuevas que en estos momentos representan al Alto Paraná en el Congreso, como son el independiente Jorge Brítez o el colorado Ulises Quintana. La gente exige cambio de actitud, y los políticos deben interpretar y escuchar lo que sus mandantes solicitan.

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