Toda la basura expuesta

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n un gigantesco operativo conjunto, la Fiscalía desbarató el pasado jueves un grupo mafioso que operaba en Ciudad del Este y que movía en promedio un millón de dólares semanales. El grupo invertía el dinero sucio en emprendimientos inmobiliarios, vehículos de alta gama; y hasta una casa de cambios de divisas.
Durante las intervenciones, fueron detenidas ocho personas, entre ellas el presunto líder de la banda Reinaldo “Cucho” Cabaña, a más de un asistente fiscal; y se descubrió que una portentosa camioneta propiedad del presunto narco era utilizada como si fuera suya por el flamante diputado colorado Ulises Quintana, una de las personas que se presentó como la renovación de la ANR en las últimas elecciones generales. Quintana llegó a la Cámara de la mano del movimiento Colorado Añetete, liderado por el presidente de la República Mario Abdo Benítez, y ayer, ni corto ni perezoso admitió que “Cucho” aportó dinero para su campaña electoral; o sea, habría recibido dinero sucio.
Del poderío de la banda desbaratada todos sabían en Ciudad del Este. Es imposible que el tal Cucho haya levantado un imperio sin tener la protección y el guiño cómplice de los líderes regionales. Y no pueden alegar desconocimiento de sus actividades, dado que según varias publicaciones periodísticas ya se lo señalaba como un traficante. Todas las autoridades sabían. El grupo opera desde hace al menos doce años admitieron los propios intervinientes; pero se consolidó y se adueñó del mercado cuando fue detenido José Tomás Cañete, alias Toma’i hace siete años, en Ciudad del Este.
Estos datos muestran el nivel de impunidad con que operan los grupos mafiosos en la capital del Alto Paraná. De las operaciones de los narcotraficantes todos sabían, pero nadie decía nada.
Los grupos criminales tienen tentáculos políticos, y eso estaría más que demostrado en este caso, pues nada menos que un diputado de la Nación admitió que el sindicado como líder de la banda aportó para su campaña política.
La Justicia debería incluir en su investigación a todos los antinarcóticos, fiscales, jueces y policías que posiblemente se sirvieron de lo que generaba el crimen organizado en la zona en los últimos 12 años. Es momento de desbaratar no solo los grupos criminales, sino también llegar a sus padrinos, cómplices y encubridores.
Ciudad del Este es una bomba de tiempo. Si toda esta ilegalidad no se combate ahora, la capital paranaense puede volverse incontrolable como ocurre en ciudades como Sinaloa, o Juarez, en México o cómo lo fue alguna vez Medellín, Colombia.

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