La narcopolítica

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La detención de un supuesto capo de la droga de la frontera dejó en evidencia hasta dónde el narcotráfico ha incursionado en todas las instituciones de la república. En efecto, solo bastó que caiga un presunto capomafioso para que todo quede al descubierto. La intervención de la Fiscalía y la Senad realizada el pasado jueves, no solo desbarató una presunta banda de delincuentes, sino también expuso la podredumbre de una buena parte de la clase política de la zona.
Javier Cabaña Santacruz, alias Cucho, armó una estructura política-policial-judicial que le dejó “trabajar” sin ser molestado en los últimos 10 o 12 años. Esto le permitía hacer ostentaciones, millonarias inversiones, sin que esto “le llame la atención” a autoridad alguna. En Juan E. O’Leary construyó su propia hacienda Nápoles emulando al poderoso narcotraficante colombiano Pablo Escobar, asesinado en 1993, de quien aparentemente era un gran admirador. Mientras en Ciudad del Este edificó hoteles, moteles, invirtió en playas de autos; y en vehículos de alta gama. Vivía como si fuera un jeque árabe, sin que haya llamado la atención el origen de su fortuna.
Es que como Pablo Escobar, los tenía contentos a todos. Apenas fue detenido, saltaron sus tentáculos políticos. Nada menos que un diputado colorado, Ulises Quintana, presentado como la renovación al interior de la ANR, era un “amigo” suyo a quien inclusive ayudó económicamente en su campaña. El “honorable” legislador tenía en su poder una portentosa camioneta propiedad del presunto narcotraficante.
En una posterior intervención, fue hallado otro vehículo de alta gama, en la casa de la concejal departamental del Alto Paraná, la liberal Mabel Otazú Vda. de Medina. El viernes saltó otro político implicado en la mega estructura. Se trata de Pedro Aricio Moreira Curtido, exconcejal de Ciudad del Este y actual miembro de la Seccional 6 de Ciudad del Este, a cuyo nombre aparece una camioneta Toyota modelo Tundra, que estaba junto a los lujosos rodados de “Cucho”.
La narcopolítica se apoderó del Paraguay y debe ser erradicada. Estos casos mencionados en Ciudad del Este son solo los que saltaron ahora. No se debe descartar que haya mucho más y el gobierno tiene la responsabilidad histórica de desmantelarla. Vastas zonas del país fueron tomadas por grupos mafiosos que lograron desde hacer varios periodos, instalar en el Congreso sus representantes. Hace un par de años, el hoy director de la Senad Arnaldo Giuzzio presentó en sesión de la Cámara de Senadores, y luego se remitió a la fiscalía una larga lista. Esa denuncia hasta ahora duerme en algún cajón del ministerio público.
Si las autoridades no asumen la determinación de acabar con la narcopolítica, esperan negros nubarrones para toda la sociedad. Es momento de actuar con determinación.

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