La purga debe continuar

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Hace casi 45 días, la ciudadanía dijo basta a la corrupción, caradurez y sinvergüencía de la clase política. El 2 de agosto, apenas un mes después de iniciarse el nuevo periodo parlamentario un grupo autocomvocado por redes sociales acudió a la casa del entonces diputado colorado José María Ibáñez, para escracharlo. El político que estaba procesado por haber hecho pagar a la Cámara de Diputados el salario de tres personas que oficiaban de cuidadores de su casa quinta ubicada en Areguá, había logrado una ayuda de la Fiscalía para deshacerse de la causa y limpiar sus antecedentes judiciales. Pero el legislador previamente había admitido haber cometido delito.
Ibáñez fue defendido por sus pares, quienes no le despojaron de su investidura, pero no soportó la presión ciudadana y tuvo que renunciar a su banca. Unas cuantas semanas después, le tocó el turno al senador colorado Óscar González Daher, imputado por tráfico de influencias, por lo que en el periodo pasado había sido echado del Legislativo, pero volvió a ocupar una banca desde el 1 de julio de 2018. El rechazo de la gente a esto fue tal que inició una serie de manifestaciones frente a su residencia, lo que finalmente también hizo que este presentara renuncia y se fuera a su casa.
Fueron dos triunfos ciudadanos al hilo, y el objetivo era ir por más. Los objetivos siguientes eran el senador colorado Víctor Bogado, acusado por el sonado caso de la “niñera de oro”; el diputado liberal Carlos Portillo, procesado también por lesión de confianza; y el senador colorado Javier Zacarías Irún.
Sin embargo, lentamente se van diluyendo las protestas. Todos los legisladores con techo de vidrio están mirando expectantes, esperando que la euforia ciudadana termine por diluirse completamente. Y es posible que esto ocurra, pues no es fácil sostener una protesta por tanto tiempo. Mañana aparecerán 50 personas, después 10, 3 hasta desaparecer. Esto significará, una vez más, el triunfo de los corruptos.
La ciudadanía debe buscar formas de protestas que perduren en el tiempo, y evitar caer en la provocación, la violencia o el cansancio. Es imprescindible para que continúe la purga. Desafortunadamente, la única herramienta efectiva que tiene la ciudadanía cuando no funcionan las instituciones es copar las calles, en señal de protesta. El país no merece que ladrones, sinvergüenzas y corruptos sigan haciéndose llamar representantes del pueblo. Es la misma claque de sinvergüenzas la que desde hace años viene esquilmando el presupuesto público, aprovechando sus cargos para sacar beneficios y dilapidando los recursos públicos para sus respectivas gavillas. Para más, groseramente estos delincuentes utilizan como escudos a los sinvergüenzas acomodados por su gestión, tratando de dar la impresión de que tienen apoyo popular.
Hay que seguir presionando para forzar una verdadera renovación de la clase política; y para que en el futuro todos aquellos que piensan ocupar un cargo de este tipo, o lo estén haciendo, piensen en sus acciones porque si no hacen lo correcto, el pueblo se va a encargar de ellos.

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