Más nombran a Dios, más corrupta su gestión

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Perla Judith Benítez

Paraguay es un país mayoritariamente cristiano, aunque sea un país laico, la iglesia Católica es la que más feligreses tiene. Gracias al laicismo cada ciudadano tiene la libertad de culto y hasta de no creer en nada si así lo desea. Aunque no debería mezclarse, la Iglesia y el Estado siguen muy entrelazados, algunos actos protocolares siguen siendo presididos por líderes religiosos, por ejemplo el Tedeum en el acto oficial de la asunción del presidente de la República, cabe mencionar también las festividades religiosas y feriados como del 8 de diciembre, profundamente respetadas.
El pueblo paraguayo está tan acostumbrado a someterse a la religión y las creencias, que se ha vuelto sumiso y manipulable en nombre de Dios. La fe es buena cuando es usada para bien y para crear un ambiente de paz. En los últimos días hemos sido testigos de pasos enormes hacia el cambio en la política y grandes personajes van siendo desenmascarados por turno. Algunos han renunciado, otros fueron desaforados y el diputado “niñera de oro”, en medio de lágrimas ha mencionado a Dios como el que lo puso en su lugar y que dicha banca le pertenece (a Dios); apelando a la misericordia. Me trae a la mente una cita que dice: “la misericordia no puede robar a la justicia”. La intendente de Ciudad del Este, Sandra McLeod, se pronunció respecto a la aprobación de la intervención a su gestión diciendo que se trata de una persecución inmisericorde y que la gente quiere despojarle del lugar donde Dios le puso.
Los políticos más cuestionados, afirman ser “perseguidos” y que nada tienen que ocultar pero a la par solicitan a funcionarios luchar para que no se intervenga la intendencia bajo amenazas y presiones. Como funcionaria del Estado y representante del pueblo, la intendente debe estar abierta a ser requerida y responder a las exigencias del pueblo; demostrar transparencia en su gestión, pues la ciudadanía es la aportante de esos recursos que está administrando, lo que debe ser distribuido a través de obras e infraestructura, como corresponde. No esperar solo reconocimientos y loas por estar realizando la gestión que mínimamente le corresponde, no son favores ni servicios caritativos lo que le toca realizar, son gestiones de bienes públicos, por lo tanto, debe ser de público conocimiento. Al parecer, nombrar a Dios es una forma cómoda de cometer actos ilícitos con rostro humanitario. El nombre de Dios ha sido tomado como arma para manipular y no para moldear el carácter o demostrar amor y sencillez, sino para vanagloriarse. Dime cuánto nombras a Dios y te diré cuán corrupta es tu gestión.

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