Matarnos a palos entre compatriotas

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Por Tereza Fretes Alonso

Una semana intensa se vivió en Ciudad del Este por la sacudida que significó la aprobación de la intervención de la municipalidad local y los allanamientos en busca de evidencias de enriquecimiento ilícito de la familia Zacarías. Estos hechos fueron acompañados muy de cerca por dos grupos cada vez más antagónicos y cada vez más intolerantes unos con otros. Los que están a favor y los que están en contra de esta familia que maneja la ciudad desde hace casi dos décadas.
Está muy bien tomar una postura y luchar por ellos, lo que no está bien es la intolerancia extrema, a tal punto de convertirse en agresiones físicas, cada vez más fuertes. En todas las manifestaciones donde ambos grupos se encuentran, la violencia siempre está presente.
Lo más preocupante de todo es que sean las propias autoridades las que incitan y fomentan este antagonismo, al referirse en forma despectiva a uno y otro grupo. No hacen otra cosa que sembrar la ira, que luego se traduce en agresiones durante las manifestaciones. No puede una persona que ocupa un cargo referirse de forma denigrante a un sector de la sociedad solamente por que no le apoya; le critica o defiende a otro grupo político. Está en todo su derecho de creer, apoyar y elogiar a quien quiera. Y ninguno de los dos grupos puede negar que en la menor ocasión se agreden y provocan, aunque por fortuna no pasó a mayores, hasta el momento.
Como sociedad debemos no solo pregonar sobre la libertad de expresión y de pensamiento en las redes sociales sino debemos aprender a ponerla en práctica. No podemos aceptar que sean las autoridades las que instiguen a la intolerancia de pensamientos ajenos que no les convienen y matarnos a palos ente compatriotas.

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