A propósito del impuesto a la exportación de soja

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Por Dr. Aníbal Amado Nunes (*)

Como economista, político y académico, comprometido con las causas nacionales, me siento obligado moralmente a contribuir con el debate (¿?) instalado en torno a la necesidad o no, de gravar las exportaciones de commodities (productos básicos), en particular la soja en granos.
Antes de emitir juicios de valor sobre la pertinencia o no de la aplicación del referido impuesto, consignaré datos estadísticos elaborados por JAPOLÍ (Ver www.japoli.org/unimos-fuerzas-contra-la-desigualdad.)
1. Presión Tributaria más baja de Sudamérica: 9,9% en el 2017.
Paraguay es el país sudamericano con menor recaudación impositiva con relación a su PIB. Este hecho anula la posibilidad de planificar y ejecutar políticas públicas en salud, educación, obras públicas, agua y saneamiento entre otras.
2. Sistema Tributario con marcada deficiencia en el cumplimiento del principio de equidad.
Paraguay es el país que más depende de los impuestos indirectos para recaudar (del IVA en particular, que pagamos todos, con independencia del nivel económico del contribuyente). El 53% de los ingresos tributarios aporta el IVA. Dentro del total recaudado en concepto de IVA, el sector agropecuario aporta el 3,23%. (Año 2017).
3. El sector agropecuario en Paraguay, en el cual está el negocio de la soja, se desenvuelve en un cuasi paraíso fiscal.
Esta actividad es la que tiene mayor participación en el PIB. Alrededor del 25%. En contrapartida su aporte en impuesto a la renta empresarial es ínfimo. En el 2016, sumando el IRACIS (de las empresas agroexportadoras), el IRAGRO (de los productores) y el IVA agropecuario, se alcanzó apenas el 6% del total recaudado por la Subsecretaría de Estado de Tributación (SET). Ese mismo año, el IRACIS de las agroexportadoras representó sólo el 2% del total recaudado por la SET. En el 2017, el IRAGRO aportó sólo el 2,6%. ¡Risible y patético!!
4. La legislación tributaria del Paraguay apaña la elusión fiscal por parte de las agroexportadoras.
Estas empresas, en particular las transnacionales, a través de la manipulación de precios de transferencia, practican la elusión tributaria (joderles a las leyes con imprevisiones y vacíos, o sea, mal hechas). Con esta práctica, sólo en el año 2015 las agroexportadoras dejaron de aportar cerca de 40 millones de dólares al erario público.
5. El irreparable daño ambiental que genera el uso masivo de agro tóxicos en el cultivo extensivo de la soja.
En el 2015, la ONU reiteró su preocupación por los efectos negativos que trae aparejado el cultivo de la soja, fundamentalmente en la degradación del medioambiente, el uso indiscriminado de agro tóxicos, la contaminación del agua y la inseguridad alimentaria.
La mayoría de los países ya han implementado el impuesto a la exportación de granos, que va desde el 25% hasta el 40%, y el negocio sigue gozando de buena salud. Al contrario, siguió en alza debido a la gran demanda internacional de la soja.
La organización JAPOLÍ concluye resumiendo de la siguiente manera: Muy bajas tasas de aporte, altísimos privilegios impositivos, prácticas elusivas, daños medioambientales irreparables, entre otros elementos, ilustran de manera irrefutable la urgente necesidad de gravar con por lo menos el 30% la actividad agroexportadora de granos del sector sojero.
Me pregunto: ¿Hay pio para discutir?

Miembro de la Seppy (Sociedad de Economía Política del Paraguay *

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