Luis XIV del Este

1811

Dr. Abilio Obregón

Los inescrupulosos con proyectos políticos siempre han deseado manipular a la gente. Algunos se dejaron manipular ya sea por necesidad o comodidad y otros no cayeron en el engaño. En CDE abundaban desocupados, la mayoría exobreros de la Itaipu, que fueron tirados a la calle, sin ninguna preparación. Gran parte de esa población ya sin dinero fueron absorbidos por la administración municipal con intención de utilizarlos.
El Dr. Campuzano en el periodo que le cupo como intendente municipal dimitió a un gran número de funcionarios sin función definida. No era político. No conocía lo del “voto cautivo” ni “las mesas electorales”. Fue el mejor intendente que tuvo CDE.
Luego irrumpió el escenario un joven político, diputado en 1993 y reelecto por un período más hasta el 2003, renunciando para postularse en el 2001 como intendente municipal, y ganó las elecciones. Como intendente de CDE, impactó cuando desmanteló las construcciones levantadas en el espacio verde, cambiando de esa manera la fisonomía de la ciudad. Merecidamente fue reelecto por otro periodo, hasta el 2010 pero se retiró para postularse como vicepresidente de la República en el 2007. No era tonto, no dejó la intendencia, lo reemplazó su esposa. En el 2018 fue electo, claro mediante la lista sábana, senador de la Nación hasta 2023.
En esa carrera de éxitos, fue muy útil el poder económico que amasó durante tantos periodos de mandatos y la gran cantidad de funcionarios contratados y entrenados como agentes de promoción y para ocupar las mesas electorales. Su proyecto político seguía imbatible. Logró que su hermano fuera Gobernador y luego su cuñada diputada nacional.
Tantos éxitos exaltó su Ego. Creyó poseer dones especiales que lo hacían único, y en ese instante para aumentar más su ego, aparece la legión de incondicionales que le apoyan y reconocen su valía y todo el mundo quiere saludarlo, hablar con él, los halagos se repiten, al igual que las prebendas de todo tipo y poco a poco se autoconvence que sus logros se deben a su propio mérito. Ignora que es el primer síntoma de la intoxicación que provoca la enfermedad del poder.
Creyéndose “único líder” olvida que el cargo que ostenta es público y ese desconocimiento le será fatal. Tanta es su omnipotencia que no cumple las normas establecidas en la ley porque se cree superior al “Patrón” pueblo. En su delirio de grandeza se siente soberano, cree en su espejismo que es el Luis XIV del Este. Cree que Él es CDE y que está por encima de la ley. Presume que es infalible en su “ideación megalomaníatica” y no permite que sea controlada su Administración, proyectándose ese descontrol a la administración de su esposa. Ningún contralor con poder Constitucional, ha podido auditar su administración, desde luego con la complicidad de autoridades judiciales pusilánimes.
Y como ningún mal dura 100 años, creemos que al líder del Clan, le llegó la hora de rendir cuentas. Sabemos que no lo aceptará porque las personas como Él, que lleva años en el poder, padece lo que sicológicamente se llama “desarrollo paranoide”. Cree que todo oponente a él o a sus ideas es un enemigo personal. La pérdida del mando o de popularidad, los llevará a la desolación, la rabia, rencor y luego al complejo de persecución. En este caso ya tenemos al primer afectado: el Presidente de la República, por el sencillo apoyo a los reclamos crónico de la ciudadanía de CDE a favor del control de las cosas públicas y la invitación que hizo para festejar ese día contra la IMPUNIDAD en el PARAGUAY. Al final nuestro LUIS XIV del ESTE entenderá que no es CDE y que jamás estará por encima de la Ley.

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