“Mi hijo es mejor porque tiene todo 5”

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En la actualidad somos testigos de que padres modernistas, en extremo jóvenes y liberalistas copan las escuelas buscando la mejor educación para sus pequeños, lo que es comprensible. Como padres siempre exigirán lo mejor y si lo pueden pagar, lo pagan. Excelente. Lo que no debemos pretender es sustituir la educación de la casa (donde se aprenden modales, responsabilidades, respeto) con la educación secular que se encarga de fortalecer lo “que ya se trae de la casa”. Con una buena suma de dinero se pueden comprar cosas materiales, pagar el salario de un buen docente y más que nada, para que los niños estén en un lugar seguro, limpio y acogedor, pero con esa suma no se compran los modales, no se compra el respeto, no se paga el amor ni se llena el vacío inmenso de la ausencia de los padres, tampoco se gana el derecho de humillar, maltratar ni presionar a las personas encargadas de la formación de los más pequeños.
Asimismo, me encantaría traer a colación la presión que ejercen los padres hacia sus hijos para que sean “nota 5”, ya sea para presumir en las redes, sea para chantajearlos con cosas materiales o simplemente con amenazas de castigos físicos y psicológicos. Los niños con la presión de ser el “alumno perfecto”, entran en crisis ante la presión de presentar exposiciones, rendir un examen o para defender algún trabajo, pues se vuelven inseguros de sí mismos y sus capacidades. He sido testigo de niños llorando antes de recibir una hoja para rendir porque no se sentían preparados, porque no van a alcanzar el anhelado “5”. También algunos desarrollan la “fobia a los exámenes” que puede llegar a ser una patología y mucho más allá del miedo, los alumnos buscan escapar de la situación no presentándose a los exámenes, o se bloquean y se olvidan de todo lo que han estudiado. Es bueno que sepamos que las calificaciones no miden la inteligencia de ninguna persona, sea niño, adolescente o adulto; los números son sólo cifras, la inteligencia múltiple es mucho más compleja que cualquier nota que encasille a nuestros niños. Algunos son memoristas y se llevan un 5, porque copiaron tal y cual memorizaron, pero no es garantía de que vayan a poder resumir, explicar y exponer con sus propias palabras. Otros no son memoristas, me considero parte de este grupo, sin embargo, son estos niños los que pueden plantarse frente a un público y explicar con sus propias palabras hasta lo más incomprensible. Las capacidades de los niños son impresionantes, ellos se están formando y descubriendo un mundo lleno de novedades que los rodea, no los frustremos queriendo proyectarnos en ellos. Nuestros hijos no son adultos en miniatura, ni son nuestro proyecto. Dejémosles ser y que sobresalgan con sus propios esfuerzos y festejemos cada logro que para vos y para mí, tal vez no sea gran cosa, pero a él le costó muchísimo y se sentirá feliz de verte sonreír por sus logros y no toparse con una mirada amenazante porque no logró un “5”.

Perla Judith Benítez

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