Salió por la ventana

1886

Sandra McLeod de Zacarías presentó su renuncia, “pichada” porque su administración estaba por ser intervenida y dejó la municipalidad acéfala. La forma en que dejó la institución municipal es el reflejo de su desastrosa administración. Desde su renuncia el lunes pasado la ciudad quedó sin cabeza, pues los concejales tampoco tomaron ninguna determinación a pesar de la urgencia del caso.
Desde antes de asumir el cargo, McLeod hizo gala de un comportamiento absolutamente infantil e irresponsable, cuando para jurar ya desconoció a la Junta y lo hizo ante un juez electoral. Después siguió comportándose como chiquilina caprichosa cuando comenzó a castigar a los concejales opositores retrasándoles el pago de sus dietas.
Fruto de esta falta de madurez se llegó a un estado de confrontación que terminó con su salida por la ventana. Prefirió huir antes que quedarse a afrontar el problema y aclarar su situación y sus actuaciones al frente del municipio.
Ahora queda un municipio destrozado, con una institución copada por hurreros, funcionarios a quienes le arrebataron la dignidad y lo tuvieron exponiéndose a los rigores del clima, pretendiendo demostrar un inexistente apoyo popular.
La salida de McLeod no sólo es una liberación para el municipio, debe ser también el comienzo de la dignificación del funcionario municipal y el comienzo de una nueva era.
La capital del Alto Paraná afronta un enorme desafío, un reto que nunca McLeod entendió y pretendió seguir con las mismas prácticas dictatoriales de premios para los obsecuentes y castigos para los detractores. Mientras, la ciudad siguió avanzando a pesar de sus autoridades. Hoy es el sector privado el que está encabezando las grandes transformaciones en la ciudad.
Es momento de trabajar por una nueva imagen. Desterrar los viejos estigmas de la corrupción, el tráfico y la ilegalidad, prácticas que nunca fueron combatidas por los Zacarías.
Corresponderá, una vez más, a la sociedad civil recuperar la ciudad. Hoy se tiene una ciudadanía activa, crítica y participativa. Es una riqueza muy grande para la construcción de una nueva sociedad, donde prime el respeto y la tolerancia y que la honestidad no sea un discurso hueco, bastardeado por las actuaciones que demuestran absolutamente lo contrario. Es de esperar que esta salida signifique el fin de la oscuridad y el nacimiento de nuevos vientos de transformación para toda Ciudad del Este.

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