Sandra no le teme a su dios

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En reiteradas ocasiones, la intendente de Ciudad del Este, Sandra McLeod de Zacarías (ANR) aseguró que dios le puso en ese cargo. El lunes pasado, sin embargo, presentó la renuncia a dicho puesto, mediante notas dirigidas a varias instituciones, y se esfumó. Hasta ayer su renuncia no había sido aceptada ni rechazada en la Junta Municipal por lo que McLeod debería estar cumpliendo con la función que según ella, dios le encomendó.
Considerando que en el cristianismo la obediencia a dios es un deber supremo y es incuestionable para quienes profesan esta creencia, cómo es posible que Sandra McLeod haya sido tan desobediente, abandonando el cargo encomendado por dios. Si fuera una buena cristiana, jamás debió abandonar el cargo que dios le encomendó. Esto demuestra lo desobediente que es como seguidora de Cristo y si no puede obedecer algo tan importante como los mandamientos sagrados, cómo cumpliría con normas mundanas.
Si no obedece las leyes de su fe, cómo se ha de esperar que cumpla las normas de simples mortales como los mandatos constitucionales, las leyes nacionales, las normas municipales o ni qué decir las normas éticas y morales. Si cumpliera con los mandatos de su dios, iba a practicar el amor al prójimo no haciendo caridad con dinero de los contribuyentes, entregando migajas para ufanarse de su solidaridad sino administrando de la mejor manera los recursos públicos. Si fuera buena cristiana iba evitar el sufrimiento de miles de trabajadores que fueron despedidos injustamente y nunca fueron indemnizados. Muchos de ellos enfermos crónicos, otros fallecieron en la larga espera. Si amara a su prójimo como lo exige su religión, debía hablar con la verdad y no recurrir a manipulaciones, agresiones físicas y verbales para someter a la ciudadanía. Ni hablar de la historia de dar la otra mejilla, pues en todo momento demostró una intolerancia incontenible hacia sus detractores, y un sinfín de comportamientos que para nada se ajustan a la de una buena cristiana.
McLeod se llena la boca hablando de su religión e incluso usa un pasaje bíblico como eslogan del municipio, a pesar de que somos un Estado laical. Su renuncia nos demuestra, cuanto menos, la incoherencia entre sus dichos y sus actos, pues en reiterada ocasiones demostró el nivel de importancia que le da a las recomendaciones y las prédica de la Iglesia Católica.

 

Tereza Fretes Alonso

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