“Generar miedo, herencia dictatorial”

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Desde la caída de la dictadura stronista, se han visto avances en distintas áreas, tanto en la mente, en la economía y en la educación pero aun falta cambiar y avanzar en otros aspectos, en especial en la forma de hacer política, en el manejo de los bienes públicos y en la manera de ser líder o representante de una entidad estatal.
Al parecer, algunos aun llevan muy presentes los manejos dictatoriales y la tradición de sembrar miedo en la sociedad para que nadie proteste. Hay entes públicos manejados por un puñado de personas que son designadas a dedo y con condicionamientos. Ser zalamero es el primer requisito y el otro es solamente ser conocido hurrero, familiar, amante y hasta asador de la casa del líder, e’a!
Pasa en varias instituciones, eso sin negar que algunos entran por méritos y están allí merecidamente. Ellos son los que justamente no ganan millones sin hacer nada, sino también los usan como para apañar los malos manejos y el planillerismo. Pasa en todos los entes pero en Educación también se está dando la politiquería barata.
Últimamente los medios se han hecho portavoces de la cantidad de planilleros en el MEC, de los acomodados por ser familiares de ciertos encargados, persecuciones por color, inclusive, algunos son apartados de sus cargos solo por tener otro “color”. Por algo figuramos en uno de los últimos puestos en educación, según el Banco Mundial. Aquí no se prioriza el método de enseñanza, no se preocupan en renovar la malla curricular, no se analiza cambiar el sistema educativo actual que está desfasado, en crear uno que se adapte a las necesidades y capacidades de los educandos, quienes cada vez exigen mejor educación y de calidad. Los niños evolucionan pero el sistema no.
Es vergonzoso saber que desde la escuela seamos manipulados para callarnos y seguir al montón, que desde nuestra formación nos inculquen el miedo. Ese temor de que “si protestás van a tomar medidas contra vos”, “si les molestás mucho van a crearte problemas con tu título”, “te tienen marcado porque sos muy revolucionario”, o el peor, “calláte nomás y aceptá lo que te dicen, así no te perjudican en tu nota, en tu título o en tu carrera” entre otras presiones.
Esta es nuestra triste y vergonzosa realidad, difundir miedo y persecución para callar bocas y seguir con el festín, seguir haciendo que todo sea manejado a gusto y paladar de uno o dos, sabiendo que siempre hay un sector que está en desventaja, sean alumnos, sea un subalterno, un aspirante o un nuevo egresado.
Mientras sigamos con las costumbres dictatoriales a cuestas y no les demos voz a la juventud, seguiremos sumidos en la miseria, fruto de la corrupción. ¿Dejar de ser tercermundista? ¡Olvídalo!

Perla Judith Benítez

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