Un año primaveral, de gritar ¡basta!

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Perla Benítez.

Haciendo un balance rápido, busco resaltar lo positivo del año que termina con mucho ruido. Sin dudas debo enfocarme en las protestas, escraches y, más que nada, en las agallas que estamos sacando los paraguayos. Pareciera que la “garra guaraní” estaba medio recortada, pero el fin llegó el día en que volvimos a sacar las garras, a extender nuestra tricolor bandera, que aunque rota y desgarrada nunca dejó de flamear allá en lo alto del azul cielo, tan único y maravilloso que había sido opacado por nubes de corrupción, deshonestidad, mentiras y dolor.
Este año crecieron los niños que eran el futuro y esperanza de la patria, esos pequeñitos que crecieron escuchando los relatos de la cruenta Guerra del Chaco de boca de sus abuelos, esos que admiraban la valentía de los “verde olivo” (sus antecesores) por la lucha de la soberanía y la libertad, así como sentían el dolor y el pesar de saber que adolescentes y niños murieron “poniendo sus pechos de murallas”.

Nosotros que nacimos con la caída de la dictadura stronista y crecimos en democracia, somos los que este año nos levantamos y exigimos. Sí, señores, fuimos creciendo junto con la democracia, aprendiendo al mismo ritmo que ustedes. Mucho escuchamos que “la dictadura era mejor”, sin embargo, nosotros fuimos aprendiendo que ninguna dictadura pudo haber sido mejor siendo que sus secuelas las estamos sufriendo todos.
Es innegable que los frutos de la era dictatorial se reflejan en el nivel de educación, de política, de la mentalidad cerrada que pareciera que se estancó en los 70-80. Crecimos y salimos a las calles a protestar contra las injusticias, contra los “viejos tiranosaurios”. Nos hemos enfrentado a verdaderos dictadores que se creían intocables, dueños de ciudades enteras, que se forraban con bienes malhabidos, e inclusive, a herederos del stronismo, quienes eran los “semidioses” de la justicia, de la política, del gobierno y hoy están en el ojo de la tormenta. Ejemplos son los Zacarías, fuera de la intendencia; González Daher, “hospedado” en la Agrupación Especializada, la renuncia de Ibáñez, Oviedo Matto, y ¿por qué no? el mismo Horacio Cartes y sus grandes “negocios internacionales”.
Sí señores, el 2018 fue el año en que los “mita’i rebelde” levantaron sus voces y con desaprobaciones, persecuciones y amedrentamientos logramos grandes cambios. Por supuesto que aun faltan grandes cambios, pero todavía tenemos energía para luchar por muchos años más. Sin dudas, el 2018 fue un año primaveral, el año del ¡basta!

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