El Efecto Bolsonaro y lo que se nos puede venir

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Jorge Alcaraz, Filósofo.

Ya es un hecho oficial, Jair Messias Bolsonaro asumió el pasado 1 de enero la presidencia de la República del Brasil, y lo hizo al más fiel estilo Trump; es decir, contra todo pronóstico inicial y con una alta polarización de perspectivas: por un lado, mucho miedo y por otro lado, mucha esperanza. De hecho, toda la izquierda brasileña y el statu quo tradicional desarrolló una gran campaña mediática de desprestigio basándose en un conjunto de sobresaltos, errores y horrores realizados en su rol de parlamentario, ya que sin pelos en la lengua, defendió con uñas y dientes posturas más conservadoras que liberales en sus casi 30 años de vida pública. Así también, sus guiños constantes hacia la dictadura, le pasaron la factura durante toda la campaña electoral, razón por la cual, tuvo que admitir errores y desmarcarse con mayor ímpetu.
Sin embargo, de manera resumida se puede destacar tres puntos muy fuertes que lo llevaron a consolidarse a lo largo de su campaña y posicionarse en la primera magistratura del país. Por un lado, el declive generalizado de todo el oficialismo, encabezado por el PT, que tuvo como puntos fuertes el juicio político a Dilma Rousseff y evidentes desvíos de fondos públicos detectados y que hasta derivó en la prisión del propio Lula Da Silva, figura central de la hoy oposición. A esto se suma, la falta de un digno rival en la contienda electoral y para terminar, la inclusión de unos asesores muy lúcidos para la preparación de su programa electoral, que ayudaron a mejorar su discurso y que sedujo a una gran camada de la población, principalmente empresarios y comerciantes. Desde un punto de vista económico, la victoria de Bolsonaro no es ninguna sorpresa, se veía venir si es que mejoraba los aspectos técnicos de su propuesta alternativa ideológicamente y lo hizo con la inclusión del Economista Paulo Guedes, que en términos futboleros es el capitán de todo su andamiaje de asesores y ministros.
Y qué se viene para el Brasil es lo que queremos saber! Bueno, la bola de cristal nadie la tiene, pero sin embargo la tendencia es más que clara. El país vecino es un infierno fiscal y de regulaciones para cualquier emprendedor, y todo esto para alimentar un aparato estatal gigantesco y que no podía parar de crecer. Guedes, promete ser contundente con la reducción del ese aparato estatal, la desburocratización, la readecuación del sistema previsional, la simplificación de algunos impuestos; todo esto, para aumentar la competitividad y atraer capitales extranjeros. Solo su discurso de posesión de cargo, motivó a los mercados, y la bolsa brasileña tuvo un repunte sorprendente e histórico, horas después de su asunción.
Por otro lado, el Paraguay y más aún, el Alto Paraná fue el refugio de muchas inversiones brasileñas. Cientos de empresas se instalaron en la zona en los últimos 5 años escapándose del infierno y mitigaron de cierta manera el debilitamiento del modelo comercial y turístico de Ciudad del Este. No obstante, nuestro país continúa creciendo como Estado, y eso no parece importarle a nadie. Emprender (secreto del desarrollo de cualquier sociedad) es cada vez más caro y complejo, en síntesis, la balanza puede inclinarse de vuelta hacia el Brasil y nuestra pobre zona podrá retrasarse aún más. Si no nos podemos las pilas, seremos menos atractivos y estaremos más que condenados para los próximos años.

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