La urgente dignificación de la función pública

Sofía Masi

¿Hasta cuándo seguiremos pagando el alto costo del manejo prebendario de las instituciones públicas en Paraguay? En las últimas semanas salió a la luz, la escandalosa repartija de cargos en la Municipalidad de Ciudad del Este. Se detectó un total de 170 operadores políticos asalariados. Son miembros de 16 seccionales coloradas que le cuestan más de 5.000 millones de guaraníes por mes a la Comuna esteña.
Tal es la alevosía, que la exempleada doméstica de la familia Zacarías Irún, Aida Molinas tiene a 12 familiares (hijos, hermanos, sobrinos y hasta el novio), como parte del plantel municipal. También fueron incorporados cinco jugadores y el director técnico que dirige la conocida dirigente zacariista.
Queda comprobado que el criterio para contratar funcionarios en la municipalidad es la afiliación partidaria y el parentesco. La idoneidad no importa en la institución y los profesionales perciben un salario insignificante, no acorde a su profesión. Un ejemplo: los médicos cobran un monto que apenas sobrepasa el salario vigente, nada más y nada menos que 2.400.000 guaraníes.
No existen políticas de Estado posibles ni servicios públicos de calidad con un manejo tan aberrante de las instituciones. El prebendarismo es una práctica instalada, de antaño, tan naturalizada que al parecer ya no escandaliza. El Estado está cooptado por clanes familiares, por grupos de amigos, pertenecientes a diversos partidos políticos. Si bien el Partido Colorado es pionero, los demás no se salvan de esta práctica corrosiva. El prebendarismo cuesta caro. No existe institucionalidad estatal y se precariza un trabajo tan fundamental como es el servicio público.

La dignificación de la función pública es urgente y necesaria, pero no es funcional a los intereses de los partidos políticos, que precisan de la prebenda para lograr, acumular o mantener el poder. ¿Cómo lograrla? El único camino posible es la organización, desde adentro y desde afuera.
La batalla se libra en varios frentes. No será una concesión de las autoridades del gobierno, sino una conquista de las personas trabajadoras que conciben al Estado como suyo y no de unos pocos.

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