Una ciudad cautiva

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La interventora de la Municipalidad de Ciudad del Este, Carolina Llanes, aseguró que la ciudadanía vivía cautiva de “un sistema perverso, siniestro y extorsionador”. En definitiva, esta ciudad estuvo casi dos décadas a cargo de una familia, los Zacarías, que en todo ese tiempo utilizó todo tipo de artimañas para perpetuarse en el poder y fueron los responsables de instalar los grandes esquemas de corrupción e impunidad.
Durante esta era se recaudaron millones estafando a los contribuyentes mediante una caja paralela, se crearon roscas de extorsión en las calle mediante el embotellamiento provocado por los mismos agentes de la Policía Municipal de Tránsito (PMT), a esto se suman las dudosas adjudicaciones a empresas “amigas”, que llevaban adelante obras precarias, sobre las cuales nunca se informó convenientemente. Para completar este perfecto panorama para el blindaje, hay que tener en cuenta que esta familia, aprovechándose del poder político nombró a dedo a jueces y fiscales, quienes se encargaron groseramente de ignorar todas las denuncias presentadas, y sobre todo de perseguir a todo aquel que osara hacer cuestionamientos. Ninguna de las denuncias que se realizaron en estos años fueron investigadas, llegándose al extremo de la inutilidad, que recientemente el fiscal adjunto, Édgar Moreno, juntó todas las presentaciones y las remitió a la capital para que allá investiguen.
La familia también se encargó de ubicar en puestos claves a funcionarios patoteros, quienes se encargaron de atropellar y reprimir impunemente a quienes cuestionaban a la administración. Todo esto acompañado por una campaña de ataques vía redes sociales, y supuestos periodistas rentados, con plata de los contribuyentes.
Que ahora la intendente suspendida en el cargo, Sandra McLeod de Zacarías venga a decir que no sabía de estas prácticas corruptas solo revela su ineptitud como administradora de esta ciudad. Y si es que estaba en conocimiento y nunca hizo nada para remediar y sancionar a los responsable, la convierte en cómplice de las barbaridades cometidas.
En solo unas semanas, la interventora Carolina Llanes tuvo un diagnóstico perfecto sobre la realidad esteña, donde nunca había llegado la democracia y en donde una pequeña claque amparada en la protección política perpetró todo tipo de arbitrariedades.
Tanto la intervención como la auditoria que está realizando la Contraloría General de la República significan una gran oportunidad para devolver a la ciudad un aire de esperanza y de renovación.
Es de esperar que el resultado del trabajo sea realmente una oportunidad la transparencia y sobre todo para recuperar la decencia en el manejo de las bienes públicos. Durante años, nuestra ciudad padeció el estigma de ser un antro de la corrupción, la ilegalidad y el tráfico. Es momento de comenzar a desterrar a todos los sinvergüenzas, quienes durante años apañaron y se beneficiaron con dicho esquema en todas las instituciones públicas.

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