¿Estamos todos condenados?

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En 1999 las hermanas Wachowski dirigieron una de las películas más revolucionarias y debatidas en la historia del cine, THE MATRIX. En ella, un personaje llamado NEO se encuentra ante el dilema de elegir entre dos pastillas: la azul le permitirá seguir con su vida cotidiana, cómoda, con pocos desafíos y limitado a la realidad dentro de un falso mundo; no obstante, la pastilla roja le quitaría de la MATRIX, le daría acceso a todas las verdades, independientemente de la incertidumbre y de las consecuencias que podría acarrear.
El espíritu aventurero y rebelde del protagonista lo inclina por la roja. Se despierta, conoce la realidad por fuera del sistema, se asusta, sufre, pero ya no hay vuelta atrás. Comprende claramente que vivía en un mundo de fantasías y que era uno más del montón antes de ese día. Pero conocer la realidad le da mayor responsabilidad, mucha madurez. Su independencia y protagonismo le permiten desarrollarse y progresar como nunca antes.
Esta excelente historia de ficción que recomiendo a quien nunca lo disfrutó, puede sin lugar a dudas compararse con un grave problema que nos afecta a los paraguayos.
Vivimos en una MATRIX, somos los de la pastilla azul, esperamos tranquilos que el Estado desarrolle propuestas que solucionen problemas sociales, creemos que el dinero del impuesto será efectivo, que las leyes mejorarán los problemas diarios y que los proyectos sociales reducirán los pobres. Creemos que la escuela, el colegio y la universidad nos prepararán para la vida profesional, creemos que los policías estarán en el momento que lo necesitemos, esperamos que el hospital público tendrá todos los insumos cuando estemos enfermos, que Senavitat nos dará una casa y que Essap nos proveerá agua limpia y en todo momento. Creemos o nos forzamos en creer en las promesas políticas.
La realidad es otra, la democracia no da sus frutos esperados, los cambios son lentos, caros, ineficientes o simplemente no llegan. Ya pasaron muchos nombres, muchas esperanzas, distintos colores y variados especialistas, pero la tendencia no es nada favorable. Aquí surge la pregunta: ¿existirá un iluminado incorruptible con una mente capaz de ajustar todas las tuercas del Estado de manera a hacer funcionar lo que nunca funcionó? O por qué no nos preguntamos más aún: ¿será que el problema no pasa por personas, sino por el modelo?

Jorge Alcaraz, Filósofo.

¿Qué hace que en países como Liechtenstein, Luxemburgo, Suiza, Singapur, Nueva Zelanda, Australia, Estonia, los ciudadanos tengan tan buen nivel de vida? ¿Cuáles son esos secretos que los diferencian de sobremanera con nosotros? ¿Estamos condenados? ¿Y si probamos la pastilla roja? Y si salimos de la MATRIX y probamos otro modelo.

Jorge Alcaraz, Filósofo.

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