Kelembu

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Una vez más la puja por tomar el poder en la Municipalidad de Ciudad del Este desató un fuerte enfrentamiento político. La intendenta suspendida en el cargo, Sandra McLeod de Zacarías (ANR-cartista), intentó zafarse de la intervención municipal, al presentar nuevamente su renuncia, ayer, ante la Junta Municipal. Esto pese a que está vigente un recurso de amparo que fue promovida por la propia McLeod, con la cual se prohíbe al legislativo tratar sobre la renuncia del ejecutivo municipal.

El presidente de la Junta, Herminio Corvalán, se resistió a dar entrada a la renuncia de McLeod teniendo en cuenta dicha prohibición legal, y allí apareció su iracundo colega Celso Miranda, quien tomándolo del cuello quiso obligarlo a recibir el documento. Un hecho lamentable, considerando la figura de uno de los protagonistas, Celso Miranda, alias Kelembu. Este fue uno de los principales referentes de la oposición. Llegó al cargo de concejal por su discurso contra los Zacarías. Se jactaba de las imputaciones en su contra por su tarea de opositor. Además estuvo preso junto a su hijo y fue humillado hasta cuando iba a cobrar su dieta, fue tratado de lo peor en todo momento y menoscabado en todos los sentidos. En reconocimiento a esos antecedentes, siempre encontró apoyo de la ciudadanía, porque hacía frente a un poderoso grupo político que castigó por años a los esteños. Sin embargo ahora aparece aliado con sus detractores.

No debería sorprender el andar sinuoso del concejal Miranda. En su momento se afilió al Partido Liberal buscando salvarse de sus imputaciones. Dos días después, desistió de su afiliación y dejó en ridículo a sus mentores liberales. Se presentó como candidato a gobernador solamente para dividir a la oposición sabiendo que sus chances de ganar eran escasas. Celso Miranda ayer hizo un lamentable striptease frente a la sociedad esteña. Demostró que no tiene principios y que es capaz de traicionar a sus aliados en las instancias más decisivas. Ayer, Miranda debió salir huyendo de la sala de la Junta Municipal para evitar el escrache de la gente a la que traicionó. Finalmente, el concejal Miranda demostró que los zacariistas siempre tuvieron la razón en el sentido de que no pasaba de “un farsante oportunista”.

Es lamentable que figuras que se presentaban como alternativas diferentes y que despertaban la esperanza de los ciudadanos, terminen repitiendo los mismos vicios y cayendo aún mucho más bajo que aquellos que prometió combatir. Actuaciones, como las del concejal Miranda son absolutamente nocivas para las organizaciones sociales que están buscando desterrar la podredumbre de la política.
Lo bueno de la democracia es la libertad que permite medir a los representantes. Ya la ciudadanía se encargará de juzgarlo en las urnas.

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