Atraco

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En una sesión “mau” y fuera de la institución municipal, los concejales zacariistas eligieron ayer al edil Juan Ángel Núñez como nuevo presidente de la Junta Municipal, y a su colega Celso Miranda, alias Kelembu, como intendente de Ciudad del Este para el reemplazo de la jefa comunal suspendida en sus funciones, Sandra McLeod de Zacarías. Actuaron como hacen los delincuentes, escondidos, entre gallos y medianoche, sobre todo a espalda de la gente que les confió su voto para que sean los contralores de la administración municipal. No solicitaron la convocatoria de una sesión extraordinaria ante el presidente vigente, Herminio Corvalán, sino que directamente hicieron una jugada sucia para crear confusión, y lo peor del caso es que lo lograron.
No podía esperarse nada diferente del equipo de Zacarías. Acostumbrados tuvieron a los esteños a las maquinaciones, a las jugadas perversas, a los manejos turbios y a los arreglos bajo la mesa. Kelembu es hoy el fantoche de Javier Zacarías, que está moviendo los hilos para que haga su grotesco espectáculo.
De Kelembu también se esperaba actuaciones de esta calaña, pues en varias ocasiones demostró su falta de escrúpulos, capaz de pactar con quien sea para satisfacer sus intereses particulares.
Esto trunca cualquier posibilidad de llegar a la verdad, de saber de una vez por todas qué esconde la administración de la Municipalidad de Ciudad del Este, manejada por la familia Zacarías desde hace casi 20 años. Con esta jugada se logró torcer el camino, confundir a la ciudadanía y burlarse de la gente.
Ya mucho han costado a la ciudad la inmadurez y la irresponsabilidad de los políticos para manejar cuestiones tan sensibles como la elección de nuevas autoridades o el esclarecimiento del uso del dinero público. Ciudad del Este es una ciudad muy importante para el país, y se merece tener una administración seria, no un fantoche manipulable, que cambia de la noche a la mañana y carece de total seriedad, para administrar los bienes públicos.
Que Celso Miranda ocupe el sillón municipal de la forma como lo hizo es una ofensa para la ciudad. Hasta hace solo unos meses, los funcionarios municipales y los seguidores de Zacarías le derramaban agua a Celso Miranda, quien trataba de lo peor a McLeod y Zacarías. Hoy, bañados en el mismo estiércol, están de amores, y el impresentable concejal quiere erigirse como el salvador de la ciudad.
La experiencia de la traición de Celso Miranda deja un negro precedente para los movimientos independientes de cara a las próximas elecciones. ¿Quién podrá confiar en candidatos sin ninguna responsabilidad política que a mitad de camino puede pactar con cualquiera con tal de acceder al poder?
El golpe de Kelembu es un tiro por la culata, porque al final será el más golpeado.

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