Destituida

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La intendente de Ciudad del Este, Sandra McLeod de Zacarías (ANR, cartista), fue destituida ayer del cargo por la Cámara de Diputados. Minutos antes, su esposo, Javier Zacarías, también fue desaforado en la Cámara de Senadores para que sea sometido a un proceso penal que enfrenta por declaración falsa, pues había ocultado su patrimonio en su declaración jurada de bienes. Como era de esperarse, esto desató un festejo ciudadano, y la gente salió a las calles, primero a exigir justicia a los parlamentarios y posteriormente para celebrar la decisión de estos.
La histórica jornada de ayer es un mensaje claro de parte de la ciudadanía a la clase política. El poder soberano de un país radica en su pueblo. La gente, los trabajadores son los que realmente tienen la última palabra. Y el pueblo esteño dijo basta a la corrupción, al chantaje, a los manejos turbios, al sufrimiento de inocentes, perseguidos y humillados por casi dos décadas por un clan familiar que tomó y manejó como un bien particular a la institución municipal.
La victoria de ayer es una victoria ciudadana, que desde hace tiempo vino reclamando, a pesar de todas las intimidaciones, la violencia y las amenazas del clan perverso que montó todo un esquema para los negociados, otro para la protección política y judicial y, finalmente, una horda de patoteros, funcionarios sinvergüenzas también metidos negociados y estructuras corruptas. Estos se encargaron, impunemente, durante muchos años, a violentar, atropellar, golpear e intimidar a todo aquel que pidiera transparencia y honestidad en el manejo del dinero público.

Los hallazgos de la interventora Carolina Llanes fueron lapidarios. Eso explica por qué durante tantos años se recurrió a una inconstitucionalidad para evitar el ingreso de la Contraloría. Pero la destitución de Sandra McLeod es solamente un primer paso. Ahora tiene que entrar a actuar la justicia y restablecer la institucionalidad y, sobre todo, recuperar moneda a moneda todo lo defraudado a la ciudadanía esteña. Además, hay que comenzar una tarea de saneamiento moral de la Municipalidad y para desmontar la estructura corrupta que se arraigó en la institución durante todos estos años. Queda por ver la independencia y la firmeza de la fiscalía y el Poder Judicial, para continuar con esta tarea de limpieza.
Hay una ciudadanía descontenta que está en contra de la corrupción, de los manejos turbios, y está exigiendo que las instituciones funcionen. Treinta años de democracia sirvieron para que los paraguayos despierten y se comprometan con el destino de su país. Los fiscales y jueces que no tomen nota de este descontento también en algún momento deberán comparecer ante la ciudadanía.
La destitución de McLeod debe servir para depurar las instituciones y la clase política. Es momento de castigar en las urnas a los traidores de la voluntad popular y a aquellos que se sirvieron de sus cargos para privilegiar a su entorno y para aumentar su riqueza a costa el erario público.

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