Juego de tronos, el clan y el poder

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Jorge Alcaraz, Filósofo.

Sin duda alguna, una de las series más vistas de todos los tiempos es Juego de Tronos. En la misma observamos una batalla visceral por el poder de diversos clanes familiares en un mundo mágico medieval. Pase lo que pase, esta guerra por el trono tiene efectos secundarios nefastos sobre la población. Batallas, prisiones, traiciones, torturas, muertes, saqueos y secuestros son hechos constantes a lo largo de toda su trama artística.
Obviamente, Juego de Tronos es una fantasía muy bien llevada al plano cinematográfico. Pero esta historia escrita por George R.R Martin no dista mucho de la realidad de nuestros tiempos y de nuestro contexto regional.
La política tradicional, en términos resumidos, es una tremenda guerra por el poder, y trae muchas víctimas invisibles, entre ellos, la clase que trabaja, estudia, emprende, crea, apuesta, construye, disfruta, sirve, ayuda e invierte.
Los economistas Daron Acemoglu y James Robinson, publicaron en el 2012 un interesante libro llamado, “Porqué fracasan los países”. Este libro, minado de ejemplos a lo largo de toda la civilización, detalla cómo las sociedades más desarrolladas mejoraron sus condiciones gracias a un componente clave: El respeto a las instituciones.
No debemos de confundirnos, estas instituciones no son cuestiones políticas. Son sistemas de organización social que van funcionando y se van consolidando de manera espontánea con el paso del tiempo porque funcionan. El derecho, la lengua y el dinero por ejemplo, son instituciones, se generan por orden espontáneo y van modificándose conforme las exigencias y las necesidades.
Nuestra sociedad se encuentra visiblemente afectada hoy en día, puesto que el poder político creció tanto, que llega a interferir en todas las instituciones que necesitamos como sociedad. Comprar, transportar, estudiar, viajar, trabajar, ahorrar, edificar, comunicar o cualquier cosa ligada a la acción humana depende del permiso del poder político, es decir, del clan del momento. Eso es tremendamente peligroso. Y el mecanismo es claro, termina un clan y vendrá otro clan, las motivaciones son altas y se genera a un circulo vicioso de no acabar. Reducir el poder político es la clave de menos guerras, respetar las instituciones es el camino a la paz.

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