Oportunidad de cambio

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Con la convocatoria a elecciones para la intendencia de Ciudad del Este efectuada ayer por el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), se aclara un poco más el panorama sobre los conflictos políticos de esta ciudad. Pasaron varios días de incertidumbre, tensión y enfrentamientos para que finalmente se resuelva poner fin al conflicto de larga data a causa de la puja por tomar la Municipalidad de la capital del Alto Paraná. Ahora son los concejales son quienes tienen la responsabilidad de restituir la paz social, designando a un intendente interino, para los próximos tres meses que durarán los procesos electorales.

El llamado a elecciones se hizo a consecuencia de que los diputados resolvieron destituir a la intendente de Ciudad del Este , Sandra McLeod de Zacarías (ANR-cartista) por una serie de hechos corrupción detectadas durante la intervención de Carolina Llanes y una auditoría de la Contraloría General de la República. Esto luego de varios años de reclamo de los ciudadanos, hastiados por los malos manejos, el robo, la desidia y otros padecimientos diarios.

Este llamado a elecciones es una excelente oportunidad para que la ciudadanía demuestre su civismos y se reivindique en la elección de sus autoridades. Podrá hacer uso de su legítimo derecho de escoger en manos de quién quiere dejar la conducción de este municipio.

El lado bueno de la grave crisis política en que cayó la ciudad, es que afloraron los verdaderos perfiles de los políticos oportunista, inescrupulosos y sinvergüenzas. Mediante esto la ciudadanía pudo ver quiénes son los que están dispuesto a venderse como mercadería barata, o arrodillarse ante quién sea con tal de conseguir una gota más de poder y saciar sus apetencias personales. Tal es el caso del concejal Celso Miranda, alias Kelembu, cuyo único mérito había sido despotricar contra la clase política corrupta, fuera de eso no ofreció nada, ni propuestas interesantes, proyectos viables. Nada. Su aporte fueron las payasadas y las charlatanerías. Su único mérito era vociferar contra el clan. Cuando terminó pactando con sus enemigos, a quiénes siempre cuestionó duramente, se quedó sin nada y no solo recibió el repudio de los ciudadanos esteños, sino se convirtió en el hazmerreir nacional.
El legado de esta lamentable situación que enfrentó y sigue enfrentando esta ciudad es que la ciudadanía debe elevar sus exigencias como electores. La ciudad se merece candidatos serios, con propuestas coherentes que estén a la altura de Ciudad del Este, una de las ciudades más importantes del país. Ya no se deben aceptar a cualquier vende humo o patotero populista, pues la experiencia demuestra que se está pagando muy caro el precio de la mala elección.
Hay una nueva oportunidad para Ciudad del Este, de cambiar para mejor, de demostrar al país que aquí prevalecen las decisiones de la ciudadanía de bien, honesta, laboriosa, quienes son los verdaderos protagonista del desarrollo de esta ciudad.

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