Destituida y desaforado por corruptos y ladrones

1933

El jueves 7 de febrero pasado es una fecha que quedará en los anales de Ciudad del Este como una fecha de festejos, algarabías y felicidad completa por dos hechos que curiosamente se dieron en un mismo día. La destitución de Sandra McLeod de Zacarías como intendente de Ciudad del Este por la Cámara de Diputados por unanimidad de votos, y el desafuero de su marido, el senador Javier Zacarías Irún, por la Cámara de Senadores, también por unanimidad de votos, para que rinda cuentas a la justicia por una de las tantas causas judiciales que tiene pendiente.
Estos dos hechos, se dieron gracias a la presión sostenida de los ciudadanos autoconvocados de Ciudad del Este, con el apoyo de la mayoría de los medios de prensa de la región y del país. Debo mencionar, que, en mi caso particular, resulta muy difícil ser humilde con el resultado mencionado en el primer párrafo, porque ya desde el año 2001, cuando Javier Zacarías comenzaba a gobernar la Municipalidad de Ciudad del Este, comencé con las críticas por cuestiones que tenían que ver con la nula gestión como intendente, a través de la columna de opinión que me había cedido el Diario Vanguardia.
Luego de aquel año, en más de veinte artículos posteriores, en diferentes épocas, continué realizando críticas hacia la labor de Javier Zacarías Irún y Sandra McLeod de Zacarías como intendentes, pero ya sobre cuestiones que tenían relación con el mal manejo de las finanzas de nuestra municipalidad. Hasta fui advertido por algunos familiares políticos sobre la imprudencia de mis publicaciones hacia el Clan Zacarías, teniendo en cuenta el poder político y fáctico del mencionado Clan, y el eventual perjuicio que pudiera sufrir como consecuencia de mis sendas y virulentas críticas hacia Javier Zacarías, por un lado, y a Sandra McLeod de Zacarías, ya como intendente sustituta de su marido. En todos los casos de advertencias, hice caso omiso a ellas, y seguí con las publicaciones críticas sobre la desastrosa gestión del matrimonio Zacarías McLeod.
Hoy me siento profundamente feliz por las decisiones de ambas cámaras parlamentarias, pero sobre todo por haber contribuido con mis críticas en la formación de opinión de muchos conciudadanos, que, sumadas luego a las manifestaciones permanentes de la sociedad, fueron horadando la inconmovible piedra que llevábamos a cuestas todos los esteños, con el poder y riqueza mal habida que disponía el temible y a la sazón invencible grupo familiar que construyó una fortuna incalculable gracias al latrocinio perpetrado a las arcas públicas de la Municipalidad de Ciudad del Este, y a la vil extorsión económica a la que sometía a una gran mayoría de comerciantes y empresarios de diferentes niveles económicos.
Hoy se acabó todo eso. Ciudad del Este debe refundar el municipio eligiendo a hombres probos en la administración de la cosa pública. Queda en manos de todos nosotros tener candidatos sin antecedentes de robo en la función pública, y con la debida competencia para limpiar las materias fecales dejadas por este maldito Clan en nuestra municipalidad.
La ciudadanía local ha dado un paso gigantesco hacia el mejoramiento sustancial de nuestro municipio. Ahora queda en manos de la justicia, el Poder Judicial, el menos confiable entre los tres que tiene nuestra república, la solución definitiva y la condena ejemplar a estas dos ratas esteñas. Sandra McLeod y Javier Zacarías Irún deben estar en la cárcel de Tacumbú, y sus bienes confiscados por el Estado y devueltos a la municipalidad, para que lo que ocurrió el jueves en el parlamento tenga sentido. Si esto no es así, de nada servirá sacarle al matrimonio el poder público y dejar en manos de ellos el poder fáctico que significa mantener un poder económico inconmensurable para seguir manejando la justicia paraguaya al arbitrio y antojo de estos miserables personajes de nuestra ciudad.
¡¡¡FELICIDADES A CIUDAD DEL ESTE POR EXTIRPAR EL CÁNCER QUE TENÍA!!!
* Miembro de la Sociedad de Economía Política del Paraguay

 

POR: Dr. Aníbal Amado Nunes (*)

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