Culto a la personalidad

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La intendente de Ciudad del Este, Perla Rodríguez de Cabral prohibió que se utilicen los nombres de las autoridades en los uniformes del personal de la institución. La jefa comunal remitió una resolución en la cual considera que con el culto a la personalidad se atribuye una ponderación excesiva a los gobernantes de turno.

Una vergonzosa práctica, herencia de la dictadura, cada autoridad que asume un cargo se encarga de que cada cartel de obra, uniformes y hasta mobiliarios lleven impregnado su nombre. Se adueña de las instituciones a tal punto de manejarlos como su empresa familiar, contratando a amigos y familiares en los cargos públicos.

Esta práctica ha desencadenado esta lamentable costumbre de hacer oda a favor de las autoridades, agradeciendo por las obras, cuando solo están haciendo su trabajo. Incluso aparecen enormes carteles agradeciendo a tal o cual intendente o gobernador por las obras.

De hecho, durante el mandato de los Zacarías está práctica fue constante. En todos los actos aparecían los mismos personajes recitando el mismo discurso de agradecimiento. Se les atribuían las obras públicas como si fuera que estaban haciendo una obra de caridad. Los empedrados, asfaltados, compra de medicamentos y otros servicios no eran desaprovechados para rendir homenaje cuando solo estaban cumpliendo con su obligación. Llegaron al punto de magnificar hasta los actos más pequeños como pago de salario a los funcionarios, divulgándolos como gran novedad y gestión, sometiendo así a los trabajadores a una perversa humillación.

La administración Zacarías McLeod llevó hasta su máxima expresión el culto a la personalidad y la utilización de las instituciones públicas como feudos particulares o de clanes familiares. Es una lamentable realidad en todo el país. En cada pueblo del interior se afianzan las claques o los clanes que copan todas las estructuras y manejan las ciudades y pueblos como verdaderos señores feudales.

Después se presentan como grandes salvadores de la patria, como los preocupados por los más humildes, pero lo único que están haciendo es sumar su poderío y su clientela política. Con esto aumentan su poder, su impunidad y la corrupción.

Si se pretende avanzar en la democratización de la república hay que comenzar desterrando a estos perversos clanes familiares y la estructura malvada que montaron para su impunidad. La ciudadanía tiene que exigir que las obras, los proyectos y las administraciones de instituciones públicas en general tengan un manejo institucional, más allá del color de las autoridades de turno. Los recursos provienen de los ciudadanos y nadie tiene derecho a embanderarse de lo que se haga con el dinero del pueblo y quien lo hace debe ser repudiado por sinvergüenza.

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