El menos peor

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El presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados ( JEM), senador Enrique Bacchetta hizo una desacertada declaración a favor del diputado Ulises Quintana, quien está recluido por supuestos vínculos con el narcotráfico. Esto desató reacciones en todos los ámbitos, incluyendo el parlamento, el ámbito político y por supuesto la comunidad jurídica. Varios gremios de abogados y asociaciones civiles de anticorrupción emitieron comunicados de repudio y anunciaron que realizarán una serie de movilizaciones hasta que Bacchetta deje el cargo.

Sin embargo, otros grupos afirman que sacar a Bacchetta de ese cargo es inoportuno, considerando que su reemplazante es el cuestionado senador esteño, Javier Zacarías Irún (ANR-cartista), procesado e investigado por un sin fin de hechos ilícitos. Es decir, prefieren que se siga manteniendo al cargo a Bacchetta porque “sus pecados” no son tan graves como el de su posible reemplazante.

La senadora Desirée Masi fue una de las que abogó para que no se saque a Bacchetta, alegando que sería peor con la asunción de Zacarías. María Esther Roa, de la Coordinadora de Abogados del Paraguay e integrante de la comisión de escrache ciudadano se mostró en contra de los argumentos de Masi, pues aseguró que se debe terminar con la impunidad.

La sociedad paraguaya no puede conformarse con el menos peor. Si hay necesidad y méritos suficientes, ambos legisladores deben ser sacados del JEM. Sin en el Parlamento no hay ningún legislador decentes, pues deben irse todos!

Una situación similar fue la se dio en Ciudad del Este con la destitución de Sandra McLeod de Zacarías, por hechos de corrupción. En su reemplazo fue nombrada Perla Rodríguez de Cabral, quien por dos periodos fue cómplice de McLeod en los manejos turbios de la institución. Rodríguez fue propuesta por los propios opositores y aceptada por todos. El argumento también fue que era “el mal menor”. Históricamente nuestra sociedad se ha caracterizado por el conformismo. El paraguayo se ha caracterizado por aceptar estoicamente injusticias y abusos en el convencimiento de que es imposible luchar contra las estructuras mafiosas. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, la ciudadanía descubrió el poder transformador de las movilizaciones y la presión de la opinión pública.

Esa misma ciudadanía crítica está esperando transformaciones profunda por estar harta de las claques se sinvergüenzas que se adueñaron del poder y pretenden seguir sojuzgando a toda la sociedad. Está esperando que de una buena vez se comience con la limpieza de las instituciones de los grupos mafiosos. Los corruptos y ladrones públicos, los prebendarios y traficantes de influencias no pueden tener cabida en las instituciones del Estado. Es hora de terminar con el carnaval.

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