¿Ojos que no ven, corazón que no siente?

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Todos los días y a cualquier hora es normal ver a cientos de niños recorriendo las peligrosas y transitadas avenidas, semáforos, colectivos y el mismo centro de Ciudad del Este ofreciendo diversos productos. Es tan común este tema, que hasta parece normal y por ende cada vez le importa menos a la mayoría.

Se supone, que para evitar niños en las calles y aún más que estén trabajando, existe una entidad, que es la Consejería Municipal por los Derechos del Niño, Niña y Adolescente (Codeni). Sin embargo, en reiteradas ocasiones se ha tratado de que esta “consejería” actúe pero la respuesta es siempre la misma “NO HAY NIÑOS EN LA CALLE”. Habría que ver si no sufren algún tipo de miopía extrema o algún severo daño ocular que les impida ver lo que a diario observa cualquier ciudadano común. Y es que creo, que se toman muy a pecho el dicho que dice “ojos que no ven, corazón que no siente”.

Estamos iniciando el año lectivo y el número de niños que suben en los colectivos a ofrecer y a veces suplicar que compremos sus productos va en aumento. Paremos un rato y observemos, esos niños no deberían estar preocupados en cuánto les falta vender para ir a sus casas o en qué podrían hacer para vender más y en casos extremos, como el que me toco ver días atrás, cómo hacer para cambiar su producto por comida.

Habrá un sinfín de personas que digan que los niños deben ayudar para aprenden pero lo ideal y lo correcto, es que ayuden con cosas sencillas en la casa que no los pongan en peligro. Las calles no son un lugar para que ningún niño aprenda.

Se imaginan si de la misma manera que exigimos que los equipos de fútbol rindan o que traigan cantantes renombrados a la zona, exigiéramos a las entidades como la Codeni (que anualmente reciben una importantes suma, además de innumerables donaciones), que cumplan con el deber que les corresponde, el velar por nuestros niños.

Pueden visualizar por un momento las calles sin niños trabajando o pidiendo limosnas, padeciendo el calor, el frío o pasando hambre. Se imaginan sus caras felices en escuelas y disfrutando de su niñez como debería ser sin preocuparse de nada más que no sea su felicidad.

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