Inseguridad

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El sábado último, un enfrentamiento entre pandillas dejó a una niña de 8 años muerta y varios heridos en Asunción. Ese mismo día, en Ciudad del Este, una mujer de 39 años fue asesinada de un tiro en la cabeza durante un  asalto; y en la madrugada del domingo, también en la capital del décimo departamento, un agente policial fue baleado en la cara cuando fue a verificar una denuncia por polución sonora. A esto se deben sumar las  mafias en las fronteras, que cada vez más están adueñándose de territorios, regiones enteras o barrio enteros, donde no impera más ley que la del poderoso narco y somete a todas las instituciones.

Este negro panorama se completa con el grupo criminal Ejército del Pueblo Paraguayo, que ya domina una parte del territorio, y en donde somete a la población a las amenazas, al secuestro, los atentados, la intimidación y el chantaje.

La ciudadanía está pagando un precio muy alto por la inutilidad de nuestros organismos de seguridad. Los delincuentes ganan cada vez más terreno ante un Estado cada vez más improvisado.

No hay ninguna posibilidad de que la sociedad logre un desarrollo si no se garantiza una la seguridad interna. Además, afecta en gran medida al desarrollo económico, pues una zona tomada por delincuencia es poco probable que atraiga a los inversionistas.

Ante este negro panorama, que cada vez va empeorando más, no se ve algún proyecto gubernamental con una política de seguridad clara, viable y  a  mediano o largo plazo que ofrezca al menos alguna propuesta de solución. Cada vez que la situación se torna insostenible o se desata algún escándalo, la única respuesta es el cambio en la cúpula policial.

La criminalidad es un problema social grave y, por lo tanto, se necesita una labor seria para el combate; una política de seguridad viable que pueda ser ejecutada, sin importar el color del gobernante de turno.

Se sabe que una de las causas del aumento de la inseguridad en el país es la corrupción en los organismos encargados de la seguridad. La sensación de inseguridad crece cuando quienes deben combatir el crimen se ponen al  servicio de los delincuentes. Aquí, tenemos unas instituciones del Estado corroídas por la galopante corrupción desde el propio Poder Judicial,  donde  los  delincuentes  logran  impunidad  gracias  a  jueces corruptos y fiscales de la misma estirpe. En esas mismas condiciones, también se encuentra la Policía Nacional.

Ante esta vergonzosa realidad, la sociedad se encuentra absolutamente indefensa frente a los delincuentes. Si no se logra sanear las instituciones e implementar una política de seguridad integral, estaremos empujando a la sociedad hacia el camino de una mayor violencia y el peligro de la justicia por manos propia.

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