Recordando aquel 1 de marzo de 1870

1970

 

Rememorando la historia que nos hace diferentes y nos llena de orgullo, transcribo aquel suceso narrado por el publicista brasileño Alberto Souza: “Muero con la patria” exclamó el vencido en un momento augusto y solemne en que las almas corrompidas y cobardes solo se atienen a las esperanzas de la fuga o al perdón del vencedor. Efectivamente, moriste ¡oh glorioso luchador! Con tu infeliz tierra aniquilada por la ambición y por el despotismo imperial; pero moriste para revivir ahora, no solo en el alma colectiva de tu Patria rejuvenecida, sino también en el austero e insospechable juicio de la Posteridad que te rehabilita. Desecha la espuria leyenda de bajezas y crueldades con que los escritores imperialistas intentaron empañar, por tantos años, tu inmaculado patriotismo, se levanta alrededor de tu figura, engrandecida por el martirio, una aureola diáfana y resplandeciente, que te consagra en el doble e irrevocable carácter de “Héroe de la Patria y Paladín de la República”.

También debemos recordar y en primer plano, la muerte gloriosa de Francisco López “Panchito”, quien muere espada en mano diciendo: “Un Coronel Paraguayo no se rinde”. Su hermano José Félix López de 11 años, sacrificado frente a su madre. También la muerte del General Francisco Roa degollado al igual que el Vicepresidente Sánchez, un anciano de 80 años, por no rendirse ante la intimación del General

Cámara. Dice el historiador brasileño Borman: En esos momentos el cabo Francisco Lacerda, conocido como Chico Diabo, le destroza el vientre de un lanzazo mientras otro lo hiere en la cabeza con el sable, y un tercero le da un lanzazo mortal. El General Cámara de pie frente a ese hombre agonizante le intima rendición y recibe por respuesta la frase que quedaría para la posteridad: “Muero con mi Patria”.

Ese desbastador suceso solo comparable con el de las Termópilas nos obliga a recordarlos con veneración y respeto y a recordarnos el valor del honor personal. El Mariscal López y sus valientes soldados, quienes lejos de desertar, le acompañaron hasta el último campo de batalla: Cerro Corá, conociendo lo que les iba a suceder y todo fue por defender la Patria, la Patria soñada para los hijos y los hijos de los hijos y NO para que unos pocos disfrazados de político, utilicen el poder que la ley les otorga para destrozar la dignidad de quienes prefirieron la inmolación antes que un arreglo inmoral. Es justo que siempre los recordemos sin hipocresía y pidamos justicia, utilizando la Ley, contra aquellos escombros que profanaron la historia y ridiculizaron nuestro pueblo con actos inmorales, ofendiendo la memoria de nuestros héroes y de tantas personas que lucharon y siguen luchando por un Paraguay respetado y un pueblo feliz, sano y honorable.

Por Dr. Abililo Obegón.

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