Ofensa a la ciudadanía

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El senador y presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM), Enrique Bacchetta, fue vedado de ingresar a un restaurante asunceno. Los dueños lo declararon “persona no grata”, así como lo habían hecho en su momento con Óscar González Daher. En el comunicado explican que el parlamentario cometió una “afrenta inadmisible para las instituciones”, al referirse a sus expresiones, pues pese a ostentar el cargo de juez de jueces, dio su apoyo público al diputado recluido por narcotráfico, Ulises Quintana.
Desde hace varios días, diversos frentes ciudadanos realizan manifestaciones y escraches exigiendo la renuncia del senador Bacchetta al el JEM, pero este se aferra a su cargo.
Todos los días los políticos ofenden a la ciudadanía con sus actuaciones, subestimando la conciencia ciudadana. Ofenden a la ciudadanía cada vez que entregan millonarias licitaciones a sus aliados políticos, quienes terminan haciendo obras de pésima calidad; ofenden a la gente cuando, abusando de su cargos, nombran a toda su parentela con jugosos sueldos en las instituciones públicas; ofenden a la gente cuando, en vez de defender los intereses de la ciudadanía, imponen sus propios intereses o los de sus secuaces. La lista de ofensas a la ciudadanía puede ser interminable, pero también está en manos de esa misma ciudadanía el dejar la cancha libre para que los sinvergüenzas sigan destruyendo la República.

Bacchetta no es digo del cargo que ostenta; es el responsable nada menos que de la instancia encargada de decidir si un juez actuó correctamente o si puede seguir o no en el cargo, y es en manos de estos que está la justicia paraguaya. Son los que deciden en las contiendas judiciales todos los días y cuyas decisiones repercuten directamente en la ciudadanía. Su argumento de que no es tan malo como su excolega Óscar González Daher no es suficiente para dejar pasar su grave error.
Afortunadamente, la ciudadanía ya demostró su fuerza en varias ocasiones; logró la renuncia de muchos parlamentarios, y esta vez no tiene por qué ser la excepción. La gente no debe bajar la guardia y debe seguir haciendo escuchar sus reclamos.

La sociedad paraguaya no puede seguir permitiendo esta clase de autoridades, y debe mantenerse firme en su proceso de limpieza de los cargos públicos. El precio que paga la sociedad por tanta podredumbre en las instituciones del Estado es demasiado alto. El hartazgo ya se hizo sentir de varias maneras, pero la clase política aún no logra entender.

Bacchetta debe renunciar a su cargo si tiene un mínimo de dignidad y delicadeza, como quiso dar a entender hace una semana con su lacrimógena conferencia de prensa. Su contribución para el fortalecimiento de las instituciones puede ser su paso al costado.

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