¿Si cambiamos lo que no sirve?

1794

La efectividad de la Policía Nacional fue duramente cuestionada en los últimos días, por sus fallas en los operativos de desalojos que terminaron en heridos, mayormente de los propios uniformados. Estas situaciones puso de nuevo al tapete la frecuente queja contra los agentes policiales, por su incapacidad de brindar la seguridad a la ciudadanía.

La carga que tiene la Policía Nacional como un órgano de la Fuerza Pública de nuestro país es grande. Según el artículo 175 de la Constitución Nacional, es la responsable de la seguridad interna de la Nación. “Tiene la misión de preservar el orden público legalmente establecido, así como los derechos y la seguridad de las personas y entidades y de sus bienes; ocuparse de la prevención de los delitos; ejecutar los mandatos de la autoridad competente y, bajo dirección judicial, investigar los delitos”. Son demasiadas funciones que, por lógica, resulta imposible cumplirlas con eficiencia. Es imposible que activar algún mecanismo para que en todo momento estén preservando la seguridad de cada uno de los habitantes de este país.

Lastimosamente no nos sinceramos sobre esta situación y estamos quejándonos de lo mismo desde hace años, sin considerar la posibilidad de recurrir a algún otro método. La inoperancia de la Policía hace rato se está reemplazando con otras alternativas que ni siquiera son visibles, como los sistemas de seguridad que se están implementando en los barrios.

Las que alguna vez se iniciaron como una comisión garrote para repeler a los ladrones, han evolucionado. Ahora son como miniempresas de seguridad, hacen patrulla en auto; si la escuela colegio o escuela queda dentro perímetro llevan o traen a los chicos, en caso de lluvia o que se haya quedado sin bus; incluso hacen de delivery. Es decir, están ofreciendo una gran cantidad de servicios extras, por un bajo precio y está funcionando.

Podemos discutir sobre si es legal o no, que si están preparados o no para el trabajo que están haciendo pero la Policía tampoco funciona, sus agentes no están preparados y pese a ellos se destinan millones del dinero público para mantenerlo.

Lo cierto es que es una alternativa que resulta para la ciudadanía y sin la ayuda del Estado. Los que recurren a este método coinciden en que están más tranquilos, los robos domiciliarios y asaltos en las paradas de buses disminuyeron.

Deberíamos plantear la posibilidad de cambiar sustancialmente aquellas instituciones del país que no funcionan y perfeccionar aquellas que nos dan una solución efectiva y práctica.

Por Tereza Fretes Alonso

Comments

Comentarios desde Facebook