Fábrica de delincuentes

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El propio titular del Ministerio del Interior, Juan Ernesto Villamayor, admitió la semana pasada que las células de la temida agrupación criminal brasileña Primer Comando Capital (PCC) utiliza las penitenciarías de nuestro país como centros de reclutamientos. Fue luego de un amotinamiento con toma de rehén de un guardiacárcel que se registró en la ciudad de Coronel Oviedo.

Desde hace mucho tiempo se advierte del peligro que representan las abarrotadas cárceles de nuestro país. En setiembre de 2018 el Gobierno había declarado el estado de emergencia por el peligro que representaban los centros penitenciarios por el mal estado de sus infraestructuras y la saturación por el número de presos. Los internos permanecen en condiciones infrahumanas y denigrantes, durmiendo en el piso, en constante peligro de ser atacados por otro reo o contagiado de alguna enfermedad. Los registros indican que a nivel nacional la cantidad total de personas recluidas supera los 14.000, a pesar de que la capacidad de las cárceles es solo de 9.000 internos. Una de las alternativas que se plantearon es la posibilidad de construir cinco reclusorios más, en diversos puntos del país. Sin embargo, la superpoblación de las cárceles tiene causas aún más complejas que mientras no sean tenidas en cuenta de nada servirá seguir diseminando centros penitenciarios en el país.

En primer lugar, si no se implementa una política de seguridad para reducir la delincuencia, no habrá penal que dé abasto, pues todos los días los jóvenes están siendo seducidos y por ende reclutados por las organizaciones que ofrecen alta rentabilidad. En segundo lugar, se deben revisar las legislaciones o al menos hacer cumplir las vigentes sobre las formas en que se privan de libertad a las personas. En varias ocasiones el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP) advirtió sobre el abuso de los jueces de dictar a diestra y siniestra la prisión preventiva de los procesados. Nuestro Código Procesal Penal (CPP) estipula que la restricción de la libertad es una excepción y no una regla, es decir, las personas deben responder los procesos penales en libertad a no ser que se den algunos requisitos, como el peligro de fuga o la obstrucción de la investigación, situaciones que no se dan en la gran mayoría de los casos.

Si seguimos en las condiciones actuales, las cárceles seguirán siendo como fábricas de delincuentes, donde los reos se perfeccionan porque allí conviven los ladrones de gallinas con peligrosos miembros de bandas internacionales. Es decir, están lejos de ser un lugar de reformatorio, donde los procesados se prepararán para reinsertarse a la sociedad.

Para que las cárceles de nuestro país dejen de ser fábricas de delincuentes se debe buscar la manera de reducir su población, evitando que más jóvenes sigan cayendo en la criminalidad y erradicando la mentalidad inquisitiva de los magistrados que no ven otra salida que mandar preso a cualquiera.

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