Educación sin color

El presidente de la Cámara de Senadores, Silvio Ovelar (ANR) se quejó de que el ministro Eduardo Petta no escuche a sus correligionarios e incluso lo tildó de “emperador”, al cuestionar su actuación.

El Ministerio de Educación es uno de los ministerios más grande que tiene el país, con una cantidad enorme de docentes y directores, además de millones de estudiantes y padres de familia. Maneja un caudal no menos importante de recursos en materia de salarios, además de fondos para obras, kits, almuerzo y meriendas escolares, entre otros.

Nuestros políticos están muy acostumbrados en priorizar a sus correligionarios, de hacer valer más las hurras y las pañoletas en vez de la capacidad e idoneidad para acceder a ciertos cargos o para ascender dentro de la institución.

La politización de la educación es la causa de que las escuelas en precarias condiciones sigan siempre relegadas. La politización también hace que las millonarias licitaciones en obras y meriendas escolares terminen en los bolsillos de seccionaleros y que las empresas “amigas” ejecutan trabajos de pésima calidad, entre otras irregularidades.

La educación es una materia muy sensible en nuestro país. Miles de niños siguen estudiando en condiciones vergonzosas, dando clases sin pupitres, sentados en troncos de madera. Para cambiar, hay que terminar con los negociados y los arreglos políticos.
Es una vergüenza el reclamo del senador Silvio Ovelar de tal o cuál ministro no le reciba a sus correligionarios. Los ministros, una vez que asumen sus cargos, se convierten en servidores públicos, y se deben a todo el pueblo paraguayo, y no solo a un partido político. Que las cuestiones partidarias lo resuelvan en la Junta de Gobierno, y dejen de utilizar las instituciones públicas como botín.

La educación necesita una visión integral, y el ministro es quien en este caso tiene la gran responsabilidad de implementar una política que incluya a todos los sectores y acabar con el favoritismo de color que siempre imperó en las instituciones públicas. No obstante, su sola voluntad no será suficiente para cambiar esta práctica; las autoridades como los parlamentarios también deben ser ejemplos del respeto a la institucionalidad, así como la ciudadanía debe poner de su parte y actuar de contralor en todo momento.
El futuro de nuestro país no puede estar sujeto a los intereses creados de los partidos políticos, a los caprichos de los seccionaleros y los acuerdos oscuros entre correligionarios.
Es de esperar que la actitud del ministro Petta no sea una cuestión meramente mediática, y sea el inicio del saneamiento del Ministerio de Educación y la dignificación del trabajo docente.

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