Inundados

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Cada vez que llueve se repite la misma historia, en las zonas urbanas. Las calles se inundan de raudales dificultando el desarrollo normal de las actividades, y barrios enteros se inundan como consecuencia de calles mal construidas, carencia de desagüe pluvial y obras civiles con deficiencias. Es así que las calles y avenidas se convierten en trampas mortales que incluso ya se cobraron varias víctimas. Además causan perjuicios económicos a los automovilistas que se aventuran a cruzar los enormes lagos. Las clases en escuelas y colegios quedan suspendidas y esas horas de aprendizajes ya no recuperan jamás. Arroyos y ríos se desbordan obligando a miles de familias a las evacuaciones.
Es decir, en pleno siglo XXI, prácticamente el país se paraliza a causa de la lluvia, con todo lo que conlleva la suspensión de las actividades normales de la ciudadanía. A la absoluta falta de planificación urbana, se debe sumar también la falta de conciencia de la ciudadanía en cuanto a sus desechos, pues el desborde de arroyos y alcantarillados se deben normalmente a la gran cantidad de desperdicios que se arrojan en los cauces. Esta práctica tiene también su causa no solo en la falta de conciencia, sino en un servicio de recolección de basura eficiente, que hace que la gente busque deshacerse de cualquier manera de sus desperdicios. La capital del país incluso tuvo que declarar emergencia ambiental, pues la ciudad está inundada de basura en las calles, avenidas, arroyos y otros espacios públicos.
No obstante, el problema de fondo de todo esto es la absoluta inutilidad de las autoridades. Porque se eligen intendentes inútiles, faltos de iniciativa cuando no corruptos, es que seguimos teniendo ciudades con infraestructura deficientes.
Ningún intendente, ningún gobernador y ningún gobierno se preocupó en buscar alguna solución definitiva al problema. Ni siquiera es preocupación entre los senadores y diputados del país. No se le da la debida importancia a pesar de la tremenda dificultad que implica vivir en estas condiciones.
No es posible que en pleno siglo XXI, el país tenga que paralizarse cada vez que llueve, perdiéndose valiosas horas de producción, horas de estudios de los jóvenes y niños, además del peligro que implica a toda la ciudadanía recorrer las calles en ese estado.
Solo es cuestión de disponer mejores infraestructura en las ciudades, y al mismo tiempo educar a la ciudadanía sobre la correcta disposición de la basura. Esto también significa mejorar los servicios de recolección y las exigencias en cuanto al cumplimiento de las ordenanzas sobre construcciones civiles.
Para lograr esto hay que terminar con los intendentes calientasillas, concejales inservibles y funcionarios corruptos de las instituciones. Si no se realizan estos cambios con cada lluvia seguirán los mismos tormentos.

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