Zacarías y sus fueros

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La semana pasada, la Cámara de Senadores aprobó sobre tablas y por una amplia mayoría de 29 votos una declaración que insta al senador Zacarías Irún (ANR, cartista) a renunciar a su banca en el Congreso.

Igualmente, el viernes pasado llegó al Senado un nuevo pedido de desafuero, en el marco de una investigación penal por lesión de confianza en su contra, por los malos manejos de recursos en la Municipalidad de Ciudad del Ese, durante la administración de su esposa, Sandra McLeod.

Anteriormente, el senador en cuestión ya había sido desaforado por unanimidad de los 37 senadores presentes, como resultado de su imputación por supuesta declaración falsa junto a su esposa Sandra McLeod. Paralelamente también se le investiga por enriquecimiento ilícito y varios otros hechos.
Por años, la familia Zacarías manejó a su antojo no solo los recursos financieros sino también hasta los Recursos Humanos, de la municipalidad y la gobernación. Repartieron a gusto y paladar, los recursos de Fonacide, royalties, además de los recursos propios que terminaron en manos de políticos de su entorno, beneficiadas con millonarias adjudicaciones. En el tiempo en que manejaron la institución municipal, casi 20 años, se crearon decenas de empresas a fines para desviar los fondos como se comprobó, en parte, con el resultado de la Intervención y la auditoría de la Contraloría General de la República.

Los Zacarías no solo acumularon fortuna sino también un poder inmenso, manejando inclusive otras instituciones y poderes del Estado. Tenían inclusive sometido al sistema judicial, mediante nombramientos de jueces y fiscales.

El discurso de los Zacarías-McLeod siempre fue de que no tienen nada que esconder a Justicia ni a ningún organismo de control. Se ufanaron en varias ocasiones de que son los administradores más controlado del país, pero al final no resistieron ni una mínima revisión, pues aparecieron innumerables elementos que dejaron en evidencia todo lo que desde hace años se venía denunciando.
Las revelaciones de uno de sus principales colaboradores, demuestran cómo Javier Zacarías disponía de los recursos públicos. En casi 20 año de manejo absoluto de las instituciones dejaron una ciudad devastada, con la enajenación de valiosas propiedades municipales, un tendal de obras inservibles y un cúmulo de hechos que fundamentan sospechas de corrupción.
Si Javier Zacarías no tiene nada que esconder, como se ufanó durante tanto tiempo, pues este es el momento de despojarse de sus fueros y de su condición de Senador y enfrentarse como ciudadano común al proceso que le abrió la fiscalía.

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