¿Mendicidad contra la pobreza?

1999

Un verdadero caos se desató ayer cuando miles de personas se aglomeraron en la Gobernación del Alto Paraná en busca de asistencia del programa social Tekoporã que ofrece el Ministerio de Desarrollo Social. La desorganización era tal que sitiaron el patio de la institución, los niños lloraban desconsoladamente, algunos aplastados por la multitud, recién nacidos expuestos a peligros de todo tipo. Como llegaron en horas de la madrugada y seguía hasta la tarde en esa situación, los ánimos ya estaban bastantes caldeados, hubo escaramuzas y hasta personas desmayadas.
Lo peor de todo es que se debió a una desinformación con intensiones oscuras. Se les dijo que era el único día que podrían inscribirse como interesadas en el programa. Sin embargo, una vez en el lugar fueron abordadas por presuntos dirigentes políticos, quienes les tomaban todos los datos, algo llamativo teniendo en cuenta que mañana hay elecciones en Ciudad del Este. Pero eso es harina de otro costal.
El programa supuestamente busca reducir las desigualdades a fin de mejorar la calidad de vida de la población en extrema pobreza.
Este año, el Ministerio de Desarrollo Social tiene un presupuesto de G. 533.986.703.065, y constantemente hay pedidos para que se siga aumentando este monto.
Deberíamos plantearnos la efectividad de estas “ayudas”, pues las necesidades de la gente es como un barril sin fondo. ¿Es realmente un aporte mensual de dinero en efectivo la solución para sacar a la gente de su estado de pobreza extrema?
Estamos acostumbrando de manera excesiva a crear dependencias, y ni siquiera nos damos cuenta que esa dependencia, a quienes más beneficia es a los políticos, quienes en cada elecciones se presentan como los salvadores.
Si no se le enseña a la gente cómo puede hacer para valerse por sí misma, aunque le entreguemos millones cada año, es probable que no sirva de nada. Recibir dinero como caído del cielo tiende a dejar a la persona en su zona de confort en vez de buscar la forma superarse.
Además, está demostrado que para lo único que sirven estas “ayudas” es como caballito de batalla de los políticos, así como ocurrió con las Becas Itaipú; estos programas no siempre van a parar en manos de los más necesitados.
Nos engañamos con programas como estos, y cada vez estamos fomentando la mendicidad, pese a que difícilmente la limosna desde el Estado será efectiva para erradicar la pobreza extrema.

Tereza Fretes Alonso

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