Cultura del contrabando

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El intendente de Asunción, Mario Ferreiro manifestó ayer que el contrabando, “es un fenómeno que alcanza a un vasto sector de la economía” y que “hay que aceptar que es parte de la cultura de nuestro país”. Estas declaraciones las hizo luego de que, el miércoles pasado, una violenta turba de trabajadores del Mercado de Abasto haya atacado a pedradas a una comitiva fiscal-policial que estaba realizando un allanamiento que pretendía decomisar azúcar de contrabando. Hubo disparos, y destrozaron tres camionetas; además, el agente que encabezaba el operativo, el fiscal Eugenio Ocampos, sufrió una herida en la cabeza.
No es la primera vez que los contrabandistas recurren a la violencia para impedir procedimientos de decomiso. En Ciudad del Este, habían evitado un procedimiento en medio de una balacera en la zona de los puertos clandestinos en el barrio San Rafael. También, cada vez que intenta implementar un control estricto en el Puente de la Amistad, “los paseros” paralizan la zona primaria y, al final, se le termina permitiendo el flujo ilegal de mercadería, pues es muy conveniente para aduaneros coimeros.
Es cierto lo manifestado por el intendente Ferreiro, que el contrabando se ha convertido en una cuestión cultural. Primero, porque se trata de una práctica que, pese de ser ilegal, se ha normalizado al punto de que no es vista como algo malo por muchas personas. En segundo lugar, miles de familias paraguayas dependen del contrabando, sobre todo en las ciudades de frontera, por lo que se considera incluso, “un trabajo”.
Si se llegó a esta situación es porque por años se permitieron y se fomentaron los esquemas de contrabando, que casi siempre tienen el padrinazgo de algún político. Pasaron varios gobierno, y nunca se mostró una verdadera voluntad de hacer frente a este flagelo. A esas alturas, se ha llegado a un punto de que es muy difícil hacerle frente.
A pesar de todo, nada justifica la actuación de los contrabandistas que, mediante el uso de la violencia, impiden la ejecución de los procedimientos. En eso también tienen una gran responsabilidad el Ministerio Público y la Policía Nacional. Estos deben primeramente conocer el terreno donde ejecutarán sus procedimientos y prever la cantidad suficiente de agentes policiales a fin de cumplir con su cometido.
El contrabando es un problema grave que afecta a miles de inversionistas y está aniquilando a la producción nacional. El presidente de la Unión Industrial, Gustavo Volpe, advertía ayer que el país está a las puertas de una recesión económica precisamente a consecuencia del contrabando.
Es cierto que el contrabando es una cuestión cultural y que muchas familias de menores recursos sobreviven gracias a esta actividad. Pero detrás del fenómeno están los grandes comerciantes que traen los productos en grandes cantidades, y también los políticos que actúan de padrinos, y los aduaneros corruptos que se enriquecen más y más gracias a esta actividad.
Una lucha contra este fenómeno requiere un planteamiento integral, pero, sobre todo, patriotismo y honestidad de quienes tienen la responsabilidad de combatir el flagelo.

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