Kelembu, símbolo de decadencia moral

El concejal Celso Miranda, mejor conocido como Kelembu, había ganado notoriedad pública a través de su lucha contra la corrupción en la Municipalidad de Ciudad del Este. Sus enérgicos reclamos contra las irregularidades hicieron que parte de la ciudadanía hastiada de los malos manejos le dieran su voto de confianza, convirtiéndolo en concejal de una de las ciudades más importantes del país.

Siempre se supo de su falta de preparación –académica y política– para un cargo de tamaña responsabilidad, sin embargo, en las urnas, su perfil antizacariista pesó más y entró por la puerta grande, como quien gana un campeonato de fútbol, a la Junta Municipal.

En sus primeros años, ocupando su banca, fue noticia por innúmeras denuncias contra el clan Zacarías, con las cuales logró cierto apoyo popular. El Kelembu que actualmente conocemos está muy distante de aquel luchador que alguna vez emprendió una travesía contra la corrupción al caminar desde CDE hasta Caacupé.

Hoy el nombre de Kelembu es sinónimo de decepción para muchos y vergüenza para otros. Sus últimas apariciones públicas superan la raya del bochorno y hasta provoca impotencia. Riñas en plena vía pública y vito con dinero, ¿cómo permitimos que una persona así nos represente?
Esta semana una mujer lo denunció públicamente haberla agredido en el microcentro al atacar el vehículo que conducía y arrancar la chapa del rodado, además de impedirle el paso. Tras el incidente, la víctima, quien se encontraba embarazada, dijo que perdió al bebé y que su hijo de 7 años que la acompañaba quedó traumatizado.

La mujer intentó presentar una denuncia ante la comisaría primera, pero los agentes la ignoraron: “Estoy muy dolida (…) Me humilló”, dijo la afectada, quien al pedir protección a la institución encargada fue abandonada a su suerte.

A esto se suma el silencio cómplice de la Junta Municipal al apañar a uno de sus miembros. Si bien lo ocurrido no tuvo lugar en el predio del pleno, Celso Miranda ocupa un cargo en representación de los esteños, y lo que haga fuera de su rol de concejal sí tiene relevancia. Nadie puede ir por la vida agrediendo a los demás y luego seguir campante como si nada.

El intento de emitir un comunicado en repudio a las prepotentes actuaciones del edil fue rechazado por sus colegas, lamentablemente.
Ojalá que con este caso aprendamos a elegir con conciencia, pues necesitamos autoridades que realmente nos representen y, por sobre todo, respeten a los ciudadanos y al cargo que ocupan. Que el desespero por no nos lleve a votar por el “menos peor”.

Por Patricia Alvarenga

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