Escuelas dignas

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A pesar de las promesas y los millones en recursos que se destinan al Ministerio de Educación del Presupuesto General de Gastos, además del dinero en concepto de Fonacide que se distribuyen a las municipalidades y las gobernaciones, las escuelas públicas del interior del país siguen dejando mucho que desear.

Son lamentables las condiciones precarias en que los niños y adolescentes que desean formarse, sobre todo en el interior del país, deben soportar para asistir a clases. El interior sigue ausente de la agenda de las autoridades.
Tal es el caso de los alumnos de la escuela Padre Vicente Valenzuela Calonga, de la compañía Hugua Guasu, de San Pedro de Ycuamandyyú, quienes desarrollan sus clases sin aulas, sin energía eléctrica, sin agua potable ni sanitarios.
Esto no es un caso aislado, pues todos los días somos testigos de las dificultades de los estudiantes de las escuelas públicas. El mensaje que estamos dando a nuestros niños y jóvenes es que no merecen estudiar con un mínimo de dignidad.

Difícilmente logramos que estos niños se concentren en sus estudios si deben estar ocupando sus mentes en el clima, si llueve deben buscar refugio, como techo tienen sólo copas de árboles que deben estar persiguiendo sombras, soportar fríos, entre otras adversidades propias de dar clases a la intemperie.

Mientras las autoridades educativas se siguen de reunión en reunión, entre planes y proyectos que nunca se concretan, los niños y sus docentes deben enfrentar esta realidad. Debemos pasar a un segundo nivel, la del trabajo en el campo.

Que los supervisores regionales del MEC dejen sus oficinas y se ocupen de las escuelas con mayor urgencias, que los intendentes dejen de privilegiar a directores hurreros con las obras y respeten a la lista de prioridades para distribuir los recursos de Fonacide.

También necesitamos padres de familias y profesores más comprometidos, exigentes y sobre todos contralores para el buen uso de los recursos destinados a la Educación.

Las mejoras en las condiciones de las escuelas públicas del país requiere de urgente atención y la participación de todos los sectores. Es inadmisible que como sociedad paraguaya sigamos permitiendo que los niños y adolescentes estudien en estas condiciones.

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