Mano dura

La Cámara de Senadores aprobó ayer un proyecto de ley que elimina el minihospital de la Cámara de Diputados. En la norma también se impone que su personal pase a trabajar en hospitales dependientes del Ministerio de Salud Pública. De esta manera, un total de 27 funcionarios dejarán de ejercer funciones en el Congreso y se dedicarán a hacer lo que siempre debieron hacer: atender a la gente.

La instalación de un minihospital del Congreso es una alevosa mala utilización de recursos públicos. El caso tomó estado público tras una investigación periodística; es decir, si no se hurgaba, estaría aún funcionando impunemente.
Sin ninguna necesidad, se gastaba millones en el salario de estas personas. Si los profesionales tuvieran un mínimo de delicadeza, deberían haber renunciado a sus cargos, pero como tal cosa no ocurrió, ahora tendrán que prestar servicios en los hospitales públicos.

El caso del minihospital es el reflejo de que el mal uso de los recursos públicos no pasa solo por las autoridades. Cada unos de esos profesionales se confabularon y se convirtieron en cómplices, al igual que todos los que tomaron conocimiento de esta situación y no fueron capaces de denunciarla. La salida que se le está dando al problema es muy generosa, pues debieron ser investigados y sacados de sus puestos, considerando que no es función del Congreso prestar asistencia médica.

Acciones de estas naturalezas son las que hacen que cientos de compatriotas padezcan penurias todos los días. En los hospitales del interior del país no hay médicos, muchos enfermos terminan muertos esperando asistencia médica. La semana pasada, una mujer dio a luz en el baño porque los escasos médicos estaban atendiendo otros dos partos.

Esto no solo ocurre en salud pública, sino también en Educación, Obras Públicas, Justicia, entre otros, por lo que desterrar estas prácticas se debe convertir en una causa nacional.

Tenemos claro que no basta con cambiar de autoridades para lograr resultados positivos, pues requiere de la acción y la colaboración de toda la ciudadanía. Se debe ser implacable con los malos manejos de los recursos públicos. La impunidad de los sinvergüenza es lo que alienta que se siga rifando la plata del Estado.

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