Pacto

Con el retorno de parlamentarios cartistas en la presidencia tanto en la Cámara de Diputados como la Cámara de Senadores se selló el pacto abdocartollanista. Pedro Alliana (ANR-HC) fue electo presidente de la Cámara Baja, el miércoles pasado, y el liberal Blas Llano fue electo ayer en el Senado, en el marco de la citada alianza.

Esta unidad le permite al cartismo recuperar un importante poder en el actual gobierno, pues conducirán ambas cámaras del Congreso Nacional durante un año.
La aprobación de un paquete de leyes tributarias sería parte de este acuerdo, pero claro está que no es todo y que hay mucho más detrás de todo esto.

Por experiencias, estos acuerdos entre diversos partidos políticos nunca terminaron bien. La última vez que se selló una unidad entre liberales (llanistas) y colorados (cartista) terminó en el plan de la violación de la Constitución Nacional para permitir la reelección de Horacio Cartes.

Estos acuerdos deben ser observados de cerca por la ciudadanía. Esta vez lo denominaron pacto de gobernabilidad pero pecaríamos de ingenuos si creyéramos que no hay ningún otro interés oculto. Llama la atención que el presidente de la república, Mario Abdo Benítez, haya entregado el manejo del Congreso a sus enemigos políticos, como si nada.

Hay demasiados intereses en juego en el Congreso Nacional, hay todavía muchos parlamentarios que no merecen ocupar una banca parlamentaria. Además el gobierno de Mario Abdo Benítez no ha logrado despegar y al parecer puso toda la carne al asador al pactar con sus adversarios.

Se mire por donde se mire, un acuerdo entre miembros de los dos partidos más poderosos no es nada saludable para la democracia. Es que como quedar sin el contrapeso de la oposición que se tiene la obligación de ser el contralor del oficialismo y no se preste a las pretensiones del gobierno de turno como lo viene haciendo un sector del Partido Liberal.

Es de esperar que en este contexto en que los partidos minoritarios están ganando espacio se mantengan en su postura y se conviertan en verdaderos opositores para evitar la concentración del poder en mano de un grupo. Es la única forma de seguir con el proceso de depuración de la clase política.

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