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Justicia por manos propias

Justicia por manos propias

Se está expandiendo de forma preocupante los casos de vecinos que atrapan a motoasaltantes o rateros y los someten a una tremenda paliza, para luego entregarlos a la policía. La ciudadanía hastiada de tanta inseguridad está asumiendo el rol que deberían cumplir las instituciones del Estado y peligrosamente está comenzando a imponerse la moda de ejercer justicia por manos propias.
Lo preocupante es que en momento de exacerbación de los ánimos, los vecinos actúan con extremada violencia y someten a torturas crueles y apaleamientos a los delicuentes atrapados. Muchos celebran estas iniciativas, perdiendo de vista el terrible retroceso que significan para la sociedad acciones de este tipo. Estamos actuando como hordas bárbaras, cuando supuestamente ya hemos creados instituciones que deben regir a nuestra sociedad.
El camino al que conduce este tipo de prácticas es mucho más peligroso, porque al saber la posibilidad de ser apaleados y torturados, a partir de ahora, los delicuentes en las calles actuarán con más violencia, y así se desata una espiral que puede acarrear terribles consecuencias.
Se llega a este tipo de situaciones, por la terrible inutilidad y corrupción de nuestras autoridades. Se sabe que los policías manejan las zonas donde operan estos delincuentes de poca monta, y que los uniformados les dejan una suerte de territorio liberado para que puedan perpetrar sus fechorías, a cambio del pago de un cierto cupo. En Ciudad del Este en la jerga policiaca le denominan los uniformados a sus respectivas zonas, como Kokué (chacra), donde diariamente cosechan la parte de la recaudación de los delincuentes.
A esto se suma la terrible corrupción y permisividad judicial, que permite que continúen en las calles peligrosos delincuentes.
La inseguridad y la delincuencia no se solucionará tomando justicia por manos propias, torturando ni liquidando a los maleantes. Este tipo de práctica a lo único que conduce es a aumentar el grado de violencia, que va a padecer nuevamente la misma sociedad. Lo que corresponde es que las instituciones cumplan su función con eficiencia, comenzando por desterrar la corrupción en sus respectivas áreas, y luego establecer una política amplia de seguridad ciudadana. Mientras no se encare desde esa perspectiva, seguiremos padeciendo mayor violencia y más inseguridad, consecuentemente mayores peligros en nuestras calles. Nuestra sociedad no necesita más violencia sino pacificación.

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