Policías como guardias privados

Policías como guardias privados

Nuestro diario publicó ayer el remanido caso de los agentes policiales que cumplen funciones de guardias privadas en entidades bancarias y locales comerciales del Alto Paraná. Es una práctica bastante criticada y que varios ministros del Interior ya habían prometido terminar, pero que sigue tranquilamente. Anteriormente, al menos los policías que trabajan como guardias privados lo hacían vestidos de civil, en la actualidad ya lo hacen con total desparpajo vistiendo el mismo uniforme policial.
El comisario principal Juan Fernández, jefe de Policía del Alto Paraná, dijo que es normal que los agentes cubran las entidades bancarias y cambiarias, ya que manejan grandes sumas de dinero. Respecto a la cantidad aproximada de efectivos que están en esa situación mencionó que es relativa, y reveló que los uniformados pertenecen a las comisarías aledañas y a la Jefatura. Fernández declaró también que unos 200 cajeros automáticos son custodiados por los uniformados especialmente en horas de la noche.
Se entiende que para el transporte de caudales o situaciones extraordinarias, los uniformados puedan prestar un servicio especial a las empresas privadas que lo solicitan. Pero eso tiene que responder a una necesidad extraordinaria, no un servicio permanente.
La principal queja es que mientras la ciudadanía vive agobiada por el acoso de motochorros y delincuentes de toda laya, los uniformados están custodiando negocios particulares, incumpliendo el servicio para el cual el contribuyente les paga un salario, embolsándose millonarias sumas por dicho servicio.
Se sabe que los locales que tienen este “privilegio” abonan una suma mensual y que inclusive solo algunos afortunados de las filas policiales acceden a la posibilidad de tener “ingresos extras” dedicándose a estas labores. Esto significa, por supuesto, el ingreso de una extraordinaria suma de dinero a los bolsillos de los jefes y los oficiales privilegiados.
Esta recaudación paralela de los uniformados constituye algo absolutamente ilegal y pernicioso y debería inclusive ser investigado por los organismos pertinentes, porque estaríamos ante un caso de enriquecimiento ilícito. Este tipo de prácticas irregulares son las que van minando la credibilidad y la efectividad de la institución policial, cada vez más degradada y desacreditada ante la opinión pública.

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