Claque corrupta

Claque corrupta

“La República del Paraguay es para siempre libre e independiente. Se constituye en Estado social de derecho, unitario, indivisible, y descentralizado en la forma que se establecen esta Constitución y las leyes.”, reza en su primer artículo nuestra Constitución Nacional. Es precisamente ese concepto de República lo que nuestra sociedad y sobre todo nuestros gobernantes, no logran comprender. El concepto República viene del latín res-pública, ‘cosa pública’, ‘lo público’.
La definición de República señala que “es un sistema político que se fundamenta en el imperio de la ley (constitución) y la igualdad ante la ley (al igual que otros regímenes basados en el Estado de derecho) como la forma de frenar los posibles abusos de las personas que tienen mayor poder, del gobierno y de las mayorías, con el objeto de proteger los derechos fundamentales y las libertades civiles de los ciudadanos, de los que no puede sustraerse nunca un gobierno legítimo”.
Sin embargo, el ejercicio del poder político, está muy lejos de lo que es una República. Los caciques que son electos por los ciudadanos para representarlos, lo primero que hacen es adueñarse de la cosa pública, convertirla en su propiedad particular, y botín de guerra para repartir luego entre familiares, amigos y correligionarios. La misma sociedad alienta esta práctica y ve como normal, los privilegios que se autoadjudican los poderosos, en detrimento de la mayoría de la población.
Valga como ejemplo el caso de la denuncia de los pobladores de Hernandarias, donde el intendente, unos cuantos concejales y funcionarios privilegiados, aprovecharon el poder que tienen, para disponer que obras de pavimentación que debían beneficiar a otros barrios, sean llevados hacia otros sectores, de tal forma que el pavimento beneficie a sus respectivas viviendas.
Parece hasta chistoso, pero es la triste realidad. En este caso es desviar unas obras, en otros casos son adjudicaciones multimillonarias, para negociados, con obras inservibles, mal hechas y sobrefacturadas. Y así comienzan, como concejales, luego se convierten en intendentes, gobernadores, diputados, senadores y van ascendiendo en la escala de la corrupción, del enriquecimiento ilícito, utilizando su posición de privilegio, que la sociedad le confirió para representarlo para mejorar su posición social y económica. Y así vamos manteniendo a una pequeña claque de zánganos que pudren nuestra sociedad, pero que en sucesivas elecciones siguen escalando porque la gente les sigue votando. Es así que vamos destruyendo la misma esencia de la democracia representativa y la República.

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