Descreimiento

Descreimiento

El anuncio del presidente Horacio Cartes de que renuncia a su postulación para una reelección, trajo un cierto alivio a la población, pero al mismo tiempo, dejó en evidencia el absoluto descreimiento hacia el presidente. Todavía reina una gran incertidumbre, y la desconfianza se acrecienta con la actuación de los diputados colorados y liberales quienes ayer dieron entrada al proyecto de enmienda aprobado por un grupo de senadores.
La escasa seriedad que ha demostrado el presidente en el tratamiento de un tema tan fundamental para el funcionamiento de la república, como la modificación de la Constitución Nacional y, sobre todo, sobre sus intenciones de continuar en el poder, lo convirtieron en el hazmerreír a nivel local e internacional. Es peligroso para una nación cuando el mensaje que dirige el principal responsable de la conducción del país no es claro, y más todavía cuando no es creíble.
El presidente Cartes juró en varias ocasiones que no pretendía la reelección y que era firme en el respeto a la Constitución, eso se difundió a nivel internacional inclusive. Sin embargo, poco tiempo después, inició una furibunda campaña, que le costó el descrédito y el bochorno a nivel nacional e internacional. Fueron una serie de vergonzosos desaciertos y chambonadas, que condujeron a una profunda división en la sociedad paraguaya, generando un alto nivel de indignación. Esto desembocó en la conformación de un senado paralelo, el no funcionamiento normal de una de las principales cámaras del Congreso, manifestaciones violentas con el saldo de la sede del Parlamento incendiada, la muerte de un joven dirigente y un diputado liberal que todavía sigue internado recuperándose del disparo a quemarropa que le desfiguró la cara.
Luego de todo el desastre generado y ante los pedidos de la iglesia y de organismos internacionales de buscar pacificar el país, el presidente aparece anunciando que desiste de su intención de postularse a un nuevo periodo. Lamentablemente, llega demasiado tarde, cuando ya se tiene encima la muerte de un compatriota y su credibilidad por el suelo. Es de esperar que la clase política saque lecciones de esta desagradable experiencia y que en los próximos gobiernos evitemos el bochorno y, por sobre todo, que sigamos lamentando pérdida de vidas, por culpa de las ambiciones de unos pocos.

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