La democracia bajo la lupa

Jorge Alcaraz, Filósofo.

Es solo abrir las páginas de los periódicos, ver el noticiero o escuchar las radios. Las instituciones del estado se encuentran en el ojo de la tormenta; desvíos, sobrefacturaciones, incumplimientos, operaciones fraudulentas, planillerismos, ausentismos, salarios siderales, becas injustificadas, son algunos de los problemas que padecemos todos los días. Sin ser pesimistas sino solo razonables, lo seguiremos viviendo en carne propia por un buen tiempo.
El tema se complica más cuando tendemos a creer que las cosas mejorarán y que los problemas solo pasan por las personas que ocupan el poder y el poco presupuesto que se dispone para generar mejoras en el país. De esta tesis dudo mucho.
El Estado paraguayo tiene presupuestado gastar para este año (sin contar con ampliaciones, préstamos, emisión de bonos, entre otros) la astronómica suma de G. 45.009.959.059.731, dividiendo esto con la población económicamente activa, que es de 3.465.967 habitantes, se puede deducir de manera tendenciosa que cada paraguayo trabajador aporta en promedio al Tesoro la suma de G. 12.986.263 por año, G. 1.082.188 por mes y G. 36.072 por día. Y estos números aumentan con otros impuestos municipales, algunas tasas y quizás algunas multas.
Como se puede apreciar, es una colosal suma muy mal administrada. Y la pregunta obligada que nos hacemos es: ¿Qué pasa si quizás una parte de ese recurso lo administramos nosotros mismos, eligiendo y pagando por las mejores escuelas, los mejores hospitales, los mejores sistemas de provisión de agua, entre otros?
Algunos dirán que es peligroso, el sector privado es más costoso, pero actualmente son así de caro puesto que son escasas y limitadas, en su mayoría concesiones y monopolios regulados por el propio Estado. Es decir, es difícil o prácticamente imposible entrar a competir en estos rubros, muchos intentan, pero no pueden.
En este sentido, el economista, historiador y teórico político Murray Rothbard en su libro PODER Y MERCADO de 1970 (ignorado por nuestras instituciones de enseñanza, hasta propositalmente diría yo) ya demostró en la teoría y en la práctica que los monopolios existen solo con intervención estatal, y que sin la misma, los precios caen y la calidad mejora. Como ejemplo, el precio de un pedazo de pan, el de una remera o de un teléfono han caído estrepitosamente a lo largo de los años. Sin embargo, el costo de la energía, del agua, de la educación o de la sanidad aún no. Las primeras se encuentra en un cierto libre mercado, se consiguen fácilmente y hay diversidad, las segundas son monopolios estatales, no hay variedad, por lo que estamos obligados a consumirlas, a aceptarlas.
Hong Kong es considerada la región más libre del mundo. Hacer negocios y trabajar allí es mucho más fácil. A pesar de sus problemas, es una de las sociedades más ricas del mundo, su tasa de desempleo es del 2%, en términos prácticos es 0%, y cada día más personas optan por vivir en esta ciudad. Es momento de parar de analizar las personas o el presupuesto, pues el debate pasa por el modelo económico. Aún hay tiempo. La democracia de por sí no trae soluciones, es puro poema hasta hoy y que solo es válida para los grandes discursos.

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