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La vaca Lola

La vaca Lola

Tereza Fretes.

Las declaraciones del vocalista de un grupo musical denominado “The Fenders” causó todo tipo de reacciones y debate en los medios de comunicación y en las redes sociales, en los últimos días. El mismo quiso hacerse el chistoso en un programa televisivo, bromeando sobre mantener relaciones con una quinceañera e incluso ofreciendo para tal efecto a su propia hija.

Muchos afirmaron que se debe entender el contexto de sus expresiones, considerando que es una persona del interior, para quien es “normal” que una menor de edad mantenga relaciones con un adulto. Otros criticaron duramente e incluso pidieron que se le investigue por pedofilia. Es cierto que el desafortunado vocalista hizo la broma sin malas intenciones y es muy probable que no tenga o no tenía, al menos, ni la mínima noción de que estaba hablando de un hecho punible, tipificado como estupro. Es evidente que no dimensionó sobre el tema que estaba hablando.

Sin embargo, este hecho nos debe a invitar a hacer una reflexión más profunda sobre los abusos sexuales contra niños y adolecentes en nuestro país. Según cifras estimativas se registran unas 6 denuncias oficiales, al día. Pero la cantidad sería mayor por los subregistros.

Se trata de un grave problema cultural, pues muchas personas piensan que es “normal” que una menor de edad tenga un “novio” adulto o que un niño o niña sea abusado porque “oikontevoi” (sucede nomás luego).

Todos los días miles de niños son víctimas en nuestro país y miles de casos ni siquiera se denuncian, pues en la mayoría de los casos los abusadores son familiares o amigos cercano y esto no se puede normalizar.

No se puede justificar de ninguna manera que alguien tome como chiste o como algo normal los abusos contra niños y adolescentes. Al contrario, se debe educar a la gente, hacer una fuerte campaña de educación para cambiar esta concepción. Además se necesita implementar protocolos de actuación en escuelas, colegios,
guarderías, organizaciones religiosas, entre otros a fin de detectar los casos.

Las secuelas en nuestros niños y adolescentes son demasiados graves y dejan marcas de por vida por lo que urge unir esfuerzos, activar los mecanismos necesarios y erradicar la normalización de los abusos sexuales, en todas sus formas.

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