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Ciudad del Este en crisis

Ciudad del Este en crisis

No hay que ser ningún experto académico para darnos cuentas de que Ciudad del Este se encuentra sobrellevando una grave crisis, tanto sea desde el punto de vista económico, como así también en lo político y social.
Existen varios factores que se interrelacionan para explicar esta situación como la desaceleración económica mundial, la subida del dólar, nuevas reglas de juego en el Brasil, una mafia de las importaciones locales, instituciones desnaturalizadas, alta dependencia de Asunción, poco o nulo poder de la ciudadanía a nivel regional, entre otros.
Este escenario no tiene vías de solución en ningún caso hasta el momento. La casta política, coherente a su esencia, continua jugando otro partido; la disputa irracional por el poder sin que en ningún caso se entienda la magnitud de los problemas que nos apremian, sus causas y sin siquiera imaginar como mitigarlos.
Por otro lado, nuestras costosas universidades públicas que desangran el erario público no generan soluciones, en las mismas ni se debaten estos temas. Están condicionadas a emitir certificados una vez que los alumnos completen unos años asistiendo a clase y memorizando algunos temas. Sin olvidar que su mafia interna genera un claque de docentes desesperados por acumular más y más certificados de manera a “demostrar capacidad y conocimiento”. Gracias a este circulo vicioso, la región ya se encuentra abarrotada de “profesionales, especialistas, masters, doctores, phds” pero pocas propuestas reales de solución.
Ahora que sabemos que la salida no pasa por los “políticos” y los “intelectuales” debemos de entender que cualquier región del planeta puede crecer, desarrollarse y evolucionar para bien, gracias a la capacidad de trabajo y colaboración de sus ciudadanos. No importan si es en el frío (Suiza), en el desierto (Dubái), en África (Botsuana), una isla (Nueva Zelanda), o con guerras recientes (Vietnan). Las leyes económicas de prosperidad funcionan en cualquier parte del mundo, una vez iniciadas.
Actualmente estamos lejos de estas leyes de prosperidad, la alta intervención estatal en todos los aspectos de nuestras vidas vía impuestos, regulaciones, monopolios, subvenciones y otros nos lastiman y desangrará aún más. No obstante, saber que lo mismo de siempre ya no está funcionando, que ya no nos podrán engañar por mucho tiempo, y que existen otras alternativas más potables es el camino al fin de una crisis.
Para los japoneses la palabra crisis significa peligro y oportunidad. E indefectiblemente es una oportunidad, más aún si buscamos la verdad por nuestros propios medios con responsabilidad, dedicación, espíritu crítico y no con las mágicas soluciones que los genios de turno nos quieran imponer.

Jorge Alcaraz, filófoso.
jorgealkraz777@hotmail.com

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